El embajador de Ecuador en el país agradeció las notas editoriales, informaciones y opiniones de columnistas de El Nacional que se pronunciaron contra el intento de golpe de Estado y de magnicidio contra el presidente Rafael Correa, el 30 de septiembre.
A continuación la misiva enviada el 27 de octubre al director de El Nacional, Radhamés Gómez Pepín, por el embajador de Ecuador en República Dominicana, Carlos López Damm:
Le expreso el reconocimiento del Gobierno Constitucional del Ecuador y el de esta Misión Diplomática por su incuestionable soporte informativo que mantuvo enterada a la comunidad local y nacional, sobre los ingratos acontecimientos perpetrados injusta e ilegalmente el jueves 30 de septiembre, y que, a todas luces, pretendieron romper el orden democrático en el país, embargando inclusive la seguridad personal del Presidente Rafael Correa, y buscando someter condicionantes inaceptables que pusieron en peligro su vida.
Resalto la claridad en la información emanada, igualmente los contenidos de las opiniones y editoriales publicados, que en su mayoría repudiaron la actitud ilegítima y desestabilizadora que atentó contra la democracia ecuatoriana, entre ellos; Ratas golpistas, Mejía rechaza intento de golpe Estado Ecuador, Catalejo, Es preciso identificar a los agresores, El Bulevar de la vida, No más ensayos, «Venezuela y Ecuador: lección y Funesto precedente.
Tenga la seguridad de que todas las notas publicadas han merecido un espacio de atención, demostrando así que Ecuador es un país democrático, que el Gobierno Nacional acepta igualmente otras opiniones como las vertidas con los epígrafes La Protesta volteada y Pasados los sobresaltos. Lamento que en ellos hayan escapado al autor precisiones jurídicas e históricas que hacen parte de nuestro Estado y, para citar un ejemplo: la Constitución, en su artículo 165, numeral 4, inherente al estado de excepción, dispone censura previa en la información de los medios de comunicación social…, es decir la temporal medida se ajustó a la norma suprema. Otro ejemplo, el autor atribuye la fundación de Quito a Gonzalo Pizarro, cuando en realidad la tercera fundación española que perdura hasta hoy, tuvo lugar el 6 de diciembre de 1.534 a cargo de Sebastián de Benalcázar o Belalcázar. ¿Prisa? ¿Superficialidad? ¿Desconocimiento? ¿Ligereza de criterios?
Lo observado no desmerece mi gratitud por el trabajo profesional que en su mayoría se advirtió. Por el contrario, creo permitirá construir un espacio de acercamiento y reflexión para compartir criterios y fortalecer conocimientos, no sólo en esta coyuntura en la cual no se ha descartado el magnicidio, sino también desde lo que significa nuestra historia.
Hago propicia la ocasión para ratificarle mi sentimiento de distinguida consideración y estima.

