La campaña electoral se ha adelantado casi dos años, o mejor sería decir que nunca ha recesado, por lo que ya se advierte que la temprana crecida de ese río proselitista anegaría todo el quehacer nacional, incluidos Gobierno y Congreso.
Atrás quedaron las discusiones sobre Pacto Eléctrico y Reforma Fiscal, así como cualquier esfuerzo dialogante por consensuar asuntos trascendentales como seguridad social, seguridad ciudadana y endeudamiento, porque los intereses giran ahora en torno a las candidaturas presidenciales de 2020.
El presidente Danilo Medina no ha confirmado ni negado su presunto interés de optar por la reelección, pero sus seguidores no pierden la esperanza de que se reedite la experiencia de modificación constitucional para que el mandatario se presente nuevamente como candidato presidencial.
Al menos ocho dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cinco de ellos con puestos de ministros, han expresado o no ocultan sus aspiraciones a la nominación presidencial peledeísta, la mayoría con la esperanza de ser señalado por cualquiera de los dos líderes.
Los partidos de la oposición también se integran para disfrutar de la fiesta de mediodía, con la activación de precandidaturas o el anuncio de que sus colectividades acudirán a las elecciones con opciones propias, aunque al final muchos se arrimarán al árbol que mejor sombra les proporcione.
Se ha dicho que el presidente Medina sostuvo un encuentro con los dirigentes de su tendencia que aspiran a la candidatura presidencial, a los que habría exhortado a expresar públicamente sus deseos, sin que se sepa si el jefe de Estado también los conminó a renunciar a los ministerios que dirigen.
Pronto, muy pronto, todo el país estará inmerso en una campaña proselitista a destiempo que obligará a archivar la agenda de urgencias nacionales para dar paso a convenientes denuncias y promesas que sumen o resten intenciones de votos, sin que el liderazgo político llegue a entender que la resaca será peor que la borrachera.
El presidente Medina está compelido a evitar que funcionarios suyos arrastren al Gobierno por el despeñadero del fracaso a causa de una campaña electoral fuera de tiempo, por lo que debería reclamarles a todos los aspirantes que renuncien a sus puestos antes de ingresar al circo electorero, porque una cosa no debe mezclarse con la otra.

