Editorial: ¡Comenzó la molienda!

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Sin esperar a que la Junta Central Electoral (JCE) emita clarinada de inicio, partidos y candidatos arrancaron en perturbadora carrera proselitista, en la cual jinetes ni caballos muestran tener voluntad o deseo de respetar reglas de la competencia.

Ninguna ley, resolución o reglamento referido a las elecciones generales de 2020 ha sido consensuada por el liderazgo partidario, incluido lo relacionado con el voto de arrastre o mandato constitucional de celebrar comicios separados.

Gobierno y partidos se involucran en una intensa campaña electoral como si el día de las votaciones fuera mañana, sin prestar atención a las gestiones de la JCE en procura de arribar a acuerdos sobre imprescindibles reglas de juego.

Las primarias abiertas o cerradas para escoger los candidatos a puestos electivos, se definen como un tramo peligroso en el recorrido hacia las elecciones del año entrante, especialmente en el litoral del partido oficial donde se promueve una posible repostulación del presidente Danilo Medina.

La democracia política marcha por buen camino, si se toma en cuenta que hoy, un día cualquiera, partidos y aspirantes presidenciales convocan grandes mítines y encuentros simultáneos en todo el territorio nacional y en Nueva York, pero preocupa lo difícil que resulta a la clase política promover el diálogo electoral.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha convertido su campaña electoral interna en un asunto de vida o muerte, entre un aspirante que proclama que no hay marcha atrás y un equipo de Gobierno que propone modificar la Constitución para dar paso a la reelección.

Como si no fuera suficiente destriparse entre sí o frente al adversario, los partidos arremeten también contra la JCE, como si la meta fuera que al final del camino no quede piedra sobre piedra, porque si difícil es lidiar con una intempestiva campaña electoral, peor sería organizar las elecciones en medio del descrédito.

A partir de hoy, partidos y candidatos estarán en las calles día y noche, por lo que se requiere que todos observen o respeten, aun sea mínimamente, algunas reglas de arbitraje, porque si de verdad el liderazgo político proclama su amor por la democracia, no debería extraerle los ojos.