Parece menos difícil interpretar un texto en el antiguo idioma arameo que las estadísticas referidas a las cuentas nacionales, aunque puede decirse que la economía dominicana marcha bien o mal, según el color del cristal de quien la ausculte.
El reporte trimestral del Banco Central indica que la economía creció un 5.2%, pero algunos economistas advierten que la mayoría de los sectores no tuvieron aportes a ese crecimiento y otros señalan que no se expresa en mejoría de calidad de vida.
En el informe oficial se subraya que el Producto Interno Bruto dominicano ha crecido con baja inflación y pondera que se generaron casi 170 mil nuevos empleos en un año. Sin refutar esas cifras otros economistas llaman la atención sobre el incremento de la deuda pública, que dicen se acerca al 50% del PIB.
Las autoridades también ofrecen la buena nueva de que el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos se ha reducido, por el aumento del ingreso en divisas por vía de turismo, remesas, exportaciones e inversión extranjera directa.
Algunos economistas advierten sobre el incremento del déficit fiscal que estiman en 4% del PIB, por lo que aconsejan reducción del gasto público, sin presentar un posible pacto fiscal como posible o necesario para incrementar ingresos por presión tributaria.
La economía crece, pero se objeta el modelo de crecimiento, genera empleo, pero se consideran insuficientes, la inflación es baja, pero se advierte sobre el déficit fiscal, aumentan los ingresos en dólares, pero se previene sobre el endeudamiento. No resulta fácil hablar o entender el lenguaje de los economistas.
Lo mejor sería que Gobierno, autoridades monetarias y sector productivo pongan atención a los señalamientos de los reputados economistas Miguel Ceara Hatton, Ernesto Selman, Jacqueline Mora, José Luis de Ramón y Pedro Silverio Álvarez, invitados al almuerzo semanal de los medios de comunicación del Grupo Corripio.
Sin importar el color del cristal a través del cual se ausculte el comportamiento de la economía, siempre será provechoso que quienes diseñan y ejecutan políticas públicas valoren las opiniones y advertencias de los expertos, porque del choque de las ideas brota la luz.

