El 29 de junio del 2009 se encontraba Álvaro Uribe en la Casa Blanca con la intención de recibir la bendición de su homólogo estadounidense para seguir adelante con su osadía de perseguir un tercer período consecutivo. Luego del encuentro que ambos sostuvieran en el Despacho Oval, se le permitió la entrada a la prensa y lo que primero le inquirieron a Barack Obama fue su parecer respecto de las intenciones de Uribe.
Las cuatro palabras que sumó su escueta respuesta retumbaron en Colombia: Dos períodos son suficientes. Jaime Bermúdez, a la sazón ministro de Relaciones Exteriores de ese país suramericano, puso bembita y se despachó con esta antológica bobería: Que quede muy claro: no va a haber una nueva base militar de Estados Unidos en Colombia.
Al parecer, los abanderados de la reelección de Leonel Fernández no solo desconocen este episodio, sino también que el brazo invisible del fallo del Tribunal Constitucional que le cerró el paso a Uribe, fue el del establishment norteamericano. La nuestra, como las de los demás países de la región, es una democracia mediatizada, intervenida financieramente por el FMI y políticamente fiscalizada por nuestros vecinos del norte.
No es cierto que durante la visita que el pasado jueves le hiciera la subsecretaria de Estado al presidente se hablara solo de los cambios climáticos y problemas migratorios. Ella misma declaró que trataron temas importantes para las dos naciones. Cuesta admitirlo, pero la decisión de quedarse en Palacio no depende exclusivamente del gobernante; sin embargo, como el que no sabe es como el que no ve, siguen tentándolo, ignorando que si Washington no logra disuadirlo diplomáticamente, recurriría a la fórmula peruana. ¿O tampoco saben los reeleccionistas cómo los vídeos de Vladimiro Montesinos, cuya divulgación hizo saltar de la Casa de Pizarro a Fujimori, llegaron a manos de la prensa?

