Opinión

El alto costo de la vida

El alto costo de la vida

El “alto costo de la vida” suele ser el recurso político más socorrido por todo aquel que desea realizar una crítica al Gobierno. Como tal, el mismo es bastante eficiente ya que todos podemos identificarnos, y de igual forma lo detestamos. Es por ello que no ha de sorprendernos que desde Buenaventura Báez y Pedro Santana, hasta Leonel Fernández, Miguel Vargas e Hipólito Mejía en nuestros días, todavía se siga cacareando “el alto costo de la vida” como consigna de campaña en República Dominicana. Quizás sea tiempo de que todos ya pasemos de página y pensemos más allá del “quien te subió…”.

 Lo opuesto a que los precios de los bienes suban, es que estos se queden estáticos o bajen. Aunque, en principio, suena como una propuesta bastante buena, un escenario de precios estáticos o bajando, pudiera implicar o un estricto control de precios o deflación, ambos compitiendo por cuál de los dos es más funesto.

 Cuando se imponen férreos controles de precios lo que suele ocurrir es que la producción se resiente. Sin importar las variaciones en sus costos el precio de venta está atado, y para mantenerse a flote debe incurrir o a un desmonte de sus costos (por ejemplo, sus empleados) o a recortar sensiblemente lo que produce provocando escasez en espera que los controles aflojen. En todo caso pierden empleados y consumidores.

 La deflación ocurre cuando el nivel de precios baja movido por una reducción drástica en el consumo general de la economía. Cuando eso ocurre, los productores para evitar ir a la quiebra empiezan a recortar sueldos o puestos de trabajo, lo que a su vez puede degenerar en un círculo vicioso donde menos empleo genera menos ingreso, y menos ingreso produce precios más bajos, lo deriva a una tragedia en la económica.

 Lo anterior no es desconocido por nuestros políticos. El trabajo de cualquiera en el poder es aspirar a que los precios suban pero de forma controlada, mantener la inflación, que en nuestro país tiende a ser enorme en comparación con muchos, a niveles aceptables de conformidad a nuestro crecimiento.

 Se debe pasar la página del lloro constante por el aumento de los precios, y se debe empezar a hablar de un incremento en el ingreso real, sin que ello provoque inflación desmedida. Esa meta suele ser la más difícil de alcanzar, pero ciertamente no es imposible, sin embargo, la voluntad política orientada por el inmediatismo que le impulsa un país en elecciones constante no parece estar ahí para tomar las decisiones necesarias.

 Los precios de los bienes seguirán subiendo con el tiempo y mientras a la población se le siga vendiendo el falso sueño de los precios invariables, los políticos seguirán tratando de sacar partida de ello. Me gustaría aspirar a que algún día en la política se deje de debatir sobre “no temas” y apuntemos hacia el debate político sobre asuntos realmente relevantes.

El Nacional

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