Con una rapidez que asombra e inquieta, la Federación Nacional de Centros Educativos Privados (Fenacep) se ha opuesto a la modificación del año escolar que, bajo el alegato de aprovechar al máximo la docencia, ha planteado el secretario de Educación. La entidad no deja de estar en lo cierto en algunas de sus observaciones, pero no tanto como para rechazar de plano una propuesta que ni siquiera ha sido elaborada.
Cierto es que en la deficiencia del sistema educativo intervienen múltiples factores, entre los que figuran la formación de los maestros. Sin embargo, también se debe incluir la pérdida de docencia por los muchos días festivos que tienen en el calendario meses como enero y febrero, más Semana Santa y las vacaciones navideñas.
Al plantear la revisión del año escolar el licenciado Melanio Paredes ha pensado en la necesidad de reducir la pérdida de horas de clases como parte de una estrategia para elevar la calidad de la enseñanza. Una iniciativa que no debe rechazarse sin antes discutirse.
Pero la Fenacep, que a veces opera con criterios más comerciales que académicos, estima que antes que el horario se deben abordar factores como la preparación de los profesores, ambientales, los materiales que se utilizan en la enseñanza y el currículo. Y en verdad son elementos que también deben tomarse en cuenta.
Ocurre, sin embargo, que como rectora del sistema educativo la cartera es la que traza las pautas y la que está llamada a velar por la calidad de la enseñanza. Los colegios privados, como en toda democracia, están en pleno derecho de criticar cualquier decisión, como, por ejemplo, la concebida por el titular de la cartera. El desacato es otra cosa.
Si Educación decide modificar el año escolar a las entidades privadas, por más en desacuerdo que estén con la medida, no les queda más que someterse al principio de autoridad. Aunque está claro que ninguna medida como la de cambiar de marzo a diciembre el calendario escolar se va a imponer sin previas discusiones.
Que en la mayoría de los países el calendario escolar esté determinado por las condiciones climáticas y socioeconómicas fortalece la idea del secretario de Educación en torno a cambiar el horario. Porque de seguro que casi en ninguna otra nación se pierde tanto tiempo sólo por días festivos como en República Dominicana.
En lo que sí se puede concordar con la entidad que agrupa a los colegios privados es en que deben revisarse otros aspectos, entre los que también hay que incluir el dramático conflicto con los libros de texto y los pagos adicionales para actividades que no forman parte de los programas educativos.

