La tardomodernidad ha fijado algunas lecturas en torno a lo que el arte dice o revela mediante sus lenguajes y fórmulas. A partir de la disolución de las vanguardias en el marco de las tendencias que desde 1897 se expandieron en Europa y América, existe la percepción de otras rutas, otros movimientos nuevos y decadentes, que permanecen solitarios en países del tercer mundo, llamados también de desarrollo sostenible.
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Todos los puntos asumidos por el artista propician el símbolo o las relaciones de significación en toda su topografía pictorial. Los elementos ambientales, así como las posibilidades de mundos plasmados en registro, percepción e ilusión, nos permiten cualificar un nuevo uso, unas perspectivas que sugieren lo particular de cada cuadraje.
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El artista Carlos Azar (Santo Domingo 1967) se ha planteado mirar el fin, las etapas previas y posteriores de la catástrofe humana escogiendo, re-elaborando algunos signos de la alteridad que siguen presentes, visibles en lo social.
Lo que nos presenta este artista es aquella zona de la consciencia que se atreve a replicar, a condenar, a representar una crisis que desde la palabra Armagedón traduce la tragedia del otro, del sujeto que ha pasado a ser huella, memoria de lo visible en una cultura depredadora, releída a través de los signos ocultos y visibles de lo real.
Según el Diccionario de la Biblia de H. Haag/A. van de Born y S. de Ausejo (2000) Armagedón o Harmagedón es un nombre hebreo del lugar en el que los tres espíritus impuros de Apocalipsis 16 reúnen a los reyes de todo el mundo para la lucha, en el gran día del Todopoderoso la montaña universal mítica donde está el campamento de las fuerzas enemigas de Dios, frente al otro campamento, que es el monte de Dios (p. 803)
¿Qué le ha sugerido al artista la palabra Armagedón en el caso de las pinturas elegidas para esta exposición individual?
Mediante una técnica equilibrada y concentrada en las diversas variantes temáticas y formales, el elemento composicional infuso y difuso a la vez, impone el cuadraje replicante que al decir del crítico y teórico brasileño Aquiles Esté, en su obra titulada Cultura replicante, conduce a una lectura que problematiza los espacios y lenguajes de un mundo abierto a la interpretación.
Lo artístico, se revela en Carlos Azar, desde una línea neoexpresionista que traduce el ámbito crítico de lo universal desde lo caribeño y su particularidad simbólica.
Todo lo cual produce un campo visible reproducido o figuralizado en un orden y un contraorden ficcional, narrativizado en los diversos registros de su cosmovisión estético-pictorial.
Hemos visto cómo desde la metáfora del Armagedón se representan en un espacio de variantes confluyentes, los elementos de una visualidad donde se narra la violencia, sus huellas, las aspiraciones de un sujeto que en, todo caso, vislumbra soledad, tiempo y conversión entre líneas con el tipo humano, espacial y socioambiental.
El hecho de que toda memoria individual se materializa en la mirada o miradas del fin, implica a su vez un testimonio, una defensa y una cardinal asumida como vida de la otredad y la mismidad.
Se trata de un punto incidente, de una fábula reconocida en la pintura como sujeción abstracta, definida como recursión especial.
Los apliques cromáticos generan en piezas como Armagedón y Creador de Almas unidades constitutivas, esto es cromatemas que apoyan lo pictórico instituido como conjunción visual y producto significante, siendo así que lo poético de la pintura motiva la combinatoria dinámica del color, los espaciamientos, el punteo, el goteo y el chorreado como formas de aplicación colorística y figural.
En algunos momentos de la metacomprensión creacional Carlos Azar concibe lo pictórico desde una mirada que produce los tonos psicosensibles de sus variantes y líneas temático-formales.
El Armagedón y las miradas del fin">
