Un bolero y un amor
un antes y un después
Por si no lo sabían, por si anoche no vieron el telediario, les informó que el superior gobierno acaba de pedir ayuda formal a organismos internacionales para combatir la corrupción.
Hablamos de luchar contra el enriquecimiento tan ilícito como meteórico, de la creación de empresas fantasmas, sociedades lavanderas, malas compañías, penthouses de azul en gris, villas de ensueño y fornicio, ay. ¡Y todo, con el sueldo mensual de un sub gerente de un banco bueno!
Claro que el PNUD y sus informes, el BID y sus cuentas, la USAID con sus ONG y su excelente frente mediático, claro, que la CIA y sus amigos, la UE con sus madriles y su Praga, (ay, don Radha, es madrugada.)
Claro que todas esas instituciones/patrias tienen gran experiencia en el tema y pueden ayudarnos. Sin embargo, más modesto y sin tanto poderío mediático, este bulevar también tiene su propuesta: Consiste en la aplicación práctica de una frase prodigiosa, denunciante y denunciadora, simple como un anillo, directa como un bombero: Analizar el antes y el después del paso de un funcionario por un gobierno, ¡Toma ya!
El antes y el después desnuda a quien entra político a un gobierno y sale empresario de su despacho, o sea, que fue al gobierno, entre otras cosas, a crear una empresa, y ya me dirán ustedes con qué jodido tiempo lo habrá hecho crecer si era funcionario.
Otros llegan al gobierno con sus empresas quebradas, y al poco tiempo éstas reverdecen y renacen de sus cenizas tributarias, como florecen los amores malditos después del vino. Hagan memoria y sonrían. A veces recordar es morir un poco.
El Estado conoce los ingresos de los señores, sabe qué empresa real o volandera les vendió el pent house. Las fincas se ubican fácilmente, las villas aparecen sin esfuerzo, en fin, el gobierno debe cuidarse de pedir una ayuda que al ciudadano podría parecerle un chiste malo, en el mejor de los casos.
Entonces, en lo que coordino acciones para el diseño de un plan etílico y bohemio que busca reinventarnos las penas esta noche en Maunaloa, -con los boleros de ese Baudelaire del canto nacional que es Anthony Ríos- queda aquí la propuesta: Investigar el antes y el después del paso de un funcionario por un gobierno. Pues sí

