Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

A propósito de Duarte: Cumbres, nostalgias, Patria y otros abismos

Ahora que toca Cumbre en el país, y otros y unos teorizarán y se repetirán, argumentarán y harán votos sin temores, y habrá promesas y otros helados, hoy, quizás es un buen tiempo para algunas reflexiones, propuestas con nostalgia, patria y otros abismos.

Si todos los programas de gobierno hablan de la prioridad prioritaria y primera que tiene la educación, salud, alimentación, vivienda y seguridad en la vida del país, entonces, por qué no aprovechar esta Cumbre y sus buenas intenciones, -que debe haberlas-, para montarnos un país que parta de esas prioridades, de lo fundamental, lo principal, o sea.

Así, el que surja de la Cumbre sería un país preñado de guarderías por doquier, con psicólogas cariñosas, meriendas todas, deporte sano y libros hasta en los baños; que por una picada de mosquitos a cualquier carajito de la patria, venga raudo un Bauta con bata a resolver la picada con humano trato;  que PROMESE no sepa qué hacer con tantas medicinas para todos, baratas-casi gratis como los besos de una meretriz después de los cuarenta. Un país donde sea chulo y bohemio ser maestro de escuela, y que sobren  aulas, planteles, Hostos, Borges,  y pecés con Internet.

Los libros volarán de patio en patio, correrán de mano en mano, y la sección de espectáculos de los diarios entrevistarán cada día a Bruno Rosario, Veloz Maggiolo y José Rafael Lantigua. De «El Lápiz» y «Omega» se sabrá poco. Andrés L. Mateo charlará por las tardes en los liceos, José Marmol y Mateo Morrison leerán poemas en Villa Juana, y «Peña de Tres» será transmitida en las horas prime de Color Visión, donde Charlie y sus muchachas de ventas no sabrán qué hacer con tantos anuncios como tendrá el programa. La bandera gastronómica del país: arroz, habichuela, carne, ensalada y fritos de platanos maduros, se venderá con subsidio generoso y costará menos que recordar amores cuando canta Serrat el  «Romance de Curro El Palmo».  

Será un país de prioridades, por la felicidad de las mayorías, o sea, la patria. Pero, ¡Cuidado! en la vida todo tiene un precio, y para vivir en ese país de prioridades donde las únicas élites sean las del talento, el trabajo y la inteligencia, país sin niños en las calles que es un asco, niñas prostituidas en los bares que es la náusea; para vivir en un país así debemos sacrificar ciertos lujos innecesarios. Volver a tener poca ropa en el armario, con camisas Bazar y Gualco y jeans Wrangler hechos por el sastre del barrio. Aunque, eso sí, todos tendríamos un muda pa’ por si acaso una boda, un funeral, un cumpleaños. Volveríamos a comprar gomas usadas en La 20, y la mañana de cada sábado, en la Francisco Villaespesa, Manolo nos repararía el Civic entre «frías» traidas del colmadón. No viajaríamos tanto, y ciertos señores dejarían de regalar Cartier a las novias, (competencia desleal), o descorchar trece botellas de Moet en un restaurante «high», sólo por impresionar y que se sepa.

En fin, se trata de volver a lo principal para poder vivir en país de prioridades, patria de lo fundamental que tal vez soñaron Duarte y otros juanes, Bosch, por decir.

Volver a lo fundamental, y que a Romana o Cap Cana viajen sólo los dueños del país, los demás nos quedaríamos por acá, reinaugurando noches, cerrando el bar de la esquina, celebrando el milagro de la vida, acariciando la historia en una casa colonial de teatro y duendes, prometiendo amores eternos hasta el jueves, y regresando feliz a tertulias de alcohol, discusiones, versos, y algún contrariado amor de largos besos.

Perdón por la saudade, don Radha. Perdone usted por tanta querella sin sentido, por tanta nostalgia celebrada, culpas de los años son, sueños truncos, viejos sueños. (Por cierto, mujer de fucsia o amarillo, déjame verme en tus ojos, para descubrir  el universo a través del vino de tu cuerpo y sus abismos.)

elbulevarconpablo@gmail.com

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