Opinión

El bulevar de la vida

El bulevar de la vida

La bachata: Una cenicienta lírica

«… cmo ríe la vida si tus ojos negros me quieren mirar».  Gardel y Le Pera.

           Hace ahora mil años, Pedro Delgado Malagón -hombre de saberes múltiples y profundos-  escribió en su columna de la desaparecida revista Rumbo, lo que sigue: «la bachata es un tango escrito por un analfabeto». Dolorosa y relativamente cierta reflexión del profesor. Pero a pesar de tal afirmación, o precisamente por ella, considero que nuestra  bachata es el tango nacional, la hija pobre que procreó el bolero con una damisela-son de buen ver, curvas de miedo y piernas interminables, en marginal bar de buena vida y mala muerte.

Nuestra bachata es una cenicienta lírica que, en solidaridad de penas, adoran los pobres nacionales que aquí somos casi todos.

          Claro que, entre madrugadas y viejos tangos, echamos en falta a un Enrique Santos Discépolo que aún no tenemos, y se pregunta: «dónde estaba Dios cuando te fuiste, dónde estaba el sol que no salió»; a un Virgilio Expósito que no ha llegado para cantarnos: «No, ni es cielo ni es azul, ni es cierto tu candor ni al fin tu juventud»; al Cátulo Castillo que se fue y nos dejó la advertencia: «no ves que vengo de un país, que está de olvido siempre gris tras el alcohol». 

Aquí es de justos decir que cuando lo quisieron, altos nombres de la música popular dominicana como Juan Luis Guerra o Víctor Víctor vistieron la bachata con su lírica de poetas, y ahí están los resultados: «Quiero me devuelvas el pacto de amor/ que la luna celosa nos dio sobre un papel de arena/ Vete si te dicen que pierdo razón/ es que en mi corazón  la verdad miente de pena/ Lacrimosa…».  No considero que «Bachata Rosa» sea un tango escrito por el «ágrafo» Guerra Seijas. O «Mesita de Noche» sea el fruto del «iletrado» de Víctor Víctor. Es sólo que el Gardel de nuestra bachata aún no ha llegado, viene llegando, o se ha entretenido con un blues, por inventar o agringarse.

          De los arrabales porteños, el tango llegó a París y sus salones en rojo. Así está llegando nuestra bachata a los grandes escenarios del mundo. Ella, en lo que le nace su Gardel y Le Pera, y su Santos Discépolo, nos manda -para que vayamos tirando- a un tal Frank Reyes, cantándole a la ajena mujer, «llama de pasión que me dejaste», a un Chaval «más perdido que un conuco sin desyerbo», a Anthony Santos, «perdido en el vicio de unos labios».

          Como ven, la bachata es una melancólica cenicienta lírica, pero sobre todo es ya el tango nacional, sólo que Gardel y Le Pera, Goyeneche, Piazzola y la Varela, aún no han llegado.

elbulevarconpablo@gmail.com

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