Opinión

El  Bulevar de la vida

El  Bulevar de la vida

Amor y comprensión

         El recién celebrado Día de San Valentín, debió traer consigo un debate  sobre la relación entre amor y comprensión.

         Los psicólogos han trabajado mucho el tema, que al resto de los mortales mueve a gran curiosidad y hasta a preocupación. El planteamiento sería, más o menos el siguiente: ¿Por qué existen en el mundo parejas de amantes apasionados, que se buscan entre el morir de cualquier tarde, al nacer cualquier noche, ay, tan solo con el loco afán de robarse besos, inventar caricias, “montar en centauros, en nubes volar”, correr como náufragos al bar de la esquina para abrazarse entre geranios corrompiendo guachimanes; hablo de amantes que, según me cuentan, son capaces de superar las leyes de la física para que el amor los haga a ellos en el asiento delantero derecho de una Teros,  un SEAT 600, un Cepillo VW?

        Comprobada la existencia de esos amores, ¡hagan memoria!, surge la pregunta: ¿Por qué en tantas ocasiones, bendecidos por la santa María Magdalena y su Jesús enamorado, esos benditos amores no sobreviven al tiempo, a la cotidianidad y sus ruidos, la rutina y sus cansancios?

         El asunto es complicado. Tema de psicólogos y filósofos. Sociólogos y diletantes, y por supuesto, tema de amantes vencidos por la incomprensión.

         Es algo que bien se podría debatir en FUNGLODE, donde todo se debate, pero que uno sugiere que se haga entre vinos, mientras en una esquina Alejandro Sanz, en una noche que no debió terminar jamás, le hace coro a Serrat,  para, juntos, rezar las palabras que el Jehová dicto al Nano catalán hace ahora mi años:  “ay, amor, sin ti no entiendo este despertar… ay, amor, sin ti mi cama es ancha.”

         Ana Simó u Olga María Renville deberían insistir en el tema. Con este bulevar,  uno tan solo ha querido generar el debate por tantas parejas de amantes vencidos por el tedio y la incomprensión, a pesar de tener el mágico poder de, con besos, iluminar al sol para apagarlo luego.

         Posiblemente, el filósofo Dr. Ríos, el Anthony, como un Freud con barriga tiene razón, y sólo se trata “de dar amor y comprensión, de soportarse los defectos”. Esta es la receta del oráculo existencial de Hato Mayor: “Comprender más y amarse menos.” Amén.

El Nacional

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