La Ley
«Es la ley como el cuchillo,/ nunca puede ser pareja/ El que la aguanta se queja/ pero el asunto es sencillo/ La ley es como el cuchillo/ no ofende a quien lo maneja.» El Martín Fierro. José Hernández.
La señora Cumbre -y sus diálogos- ha venido a demostrar lo que más de uno sospechaba: el gran problema del país es la falta de voluntad política desde el poder y de voluntad ciudadana desde los gobernados para cumplir la ley, o en el caso del Estado hacerla cumplir.
Habrá que retomar de Bosch su vieja estrategia de «retornar al gobierno a su propia legalidad», pero el asunto es más grave, pues no se trata tan solo del gobierno y sus deberes sino también de la ciudadanía. Así, mientras el gobierno no cumple ni hace cumplir las leyes, desde la de función pública, licitación en las compras, porcentaje a educación, a municipios, o a justicia, el ciudadano común, ante un escenario de tanto desacato hace lo mismo, y así se va creando un caos institucional, el mismo caos que se respira hoy en el país, en sus barrios y sus calles, en los semáforos, por ejemplo. Como dijo Yupanqui, del Buenos Aires de sus desamores, esto parece «un hormiguero pateado».
Entonces, ¿por dónde empezar a organizar la casa nacional? Simplemente, por el cumplimiento de las leyes de parte del gobierno, aunque ello suponga que la lógica clientelar se afecte, y en elecciones se pierda algún senador, un par de diputados. Es el gran desafío y sobre todo el gran deber.
Mientras la señal de esa decisión gubernamental no llegue a los gobernados, toda iniciativa de fortalecimiento institucional o lucha contra la delincuencia será en vano. Aquí, producimos los polvos (de los malos) y no queremos que lleguen luego estos lodos de caos, anarquía, inseguridad, desconfianza, impunidad, o sea.
La Cumbre y sus propuestas han demostrado que la urgencia mayor de la patria nacional es simplemente cumplir las leyes, y, claro, hacerlas cumplir. Todo lo demás es oropel, buenos argumentos, mejor refrigerio, palabritas para olvidar, lucimiento intelectual y otros desvelos.
La Ley, no más que la ley, compañeritos, la dictadura de la ley.
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