Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Insolencia trujillista

“Sin rencor, pero sin olvido, mis hijos, sin olvido”.

Mercedes Reyes, Mama Chea, a sus nietos, hijos de las Hermanas Mirabal, algún día de noviembre de 1976, a la sombra de una mata de mandarinas en su casa de Conuco.

Lo de presentar un libro de Angelita Trujillo en homenaje a su padre, en territorio dominicano y con los auspicios, (¡quién lo diría!) de una universidad, fue atrevimiento, insolencia, abuso de la democracia, provocación innecesaria, cinismo del peor, gadejo del más malo, con sic y todo.

No tengo nada que decir a los Trujillo ni a sus familias maipiolas más degeneradas. Nada que decir, que la santa poesía no haya expresado ya mejor que yo.

Hombre preso que mira a su hijo

(Mario Benedetti)

Cuando era como vos me enseñaron los viejos/y también las maestras bondadosas y miopes/que libertad o muerte era una redundancia,/a quién se le ocurría en un país donde los presidentes andaban sin capanga.

Que la Patria o la tumba era otro pleonasmo/ya que la Patria funcionaba bien;

en las canchas y en los pastoreos.

Realmente, Botija, no sabían un corno,/pobrecitos creían que «libertad»

era tan sólo una palabra aguda/que muerte, era tan sólo grave o llana,

que cárceles, por suerte una palabra esdrújula/ olvidaban poner el acento en el hombre.(…) 

Vos sabes bien que tuve que elegir otros juegos y que los jugué en serio/.

Y jugué, por ejemplo, a los ladrones/y los ladrones eran policías/

y jugué, por ejemplo, a la escondida/si te descubrían te mataban/

y jugué a la mancha y era de sangre.

Botija, aunque tengas pocos años,/ creo que hay que decirte la verdad

para que no la olvides,/ por eso no te oculto que me dieron picana/

que casi me revientan los riñones./

Todas estas llagas, hinchazones y heridas/que tus ojos redondos miran hipnotizados/

son durísimos golpes, son botas en la cara/ demasiado dolor para que te lo oculte,/

demasiado suplicio para que se me borre./

Pero también es bueno que conozcas/ que tu viejo calló o puteó como un loco/

que es una linda forma de callar/ que tu viejo olvidó todos los números,/

por eso no podría ayudarte en las tablas/ y por lo tanto olvidé todos los teléfonos/

y las calles y el color de los ojos,/y los cabellos y las cicatrices/y en qué esquina y en qué bar,/qué parada, qué casa.

Y acordarme de ti,/de tu carita me ayudaba a callar,/

una cosa es morirse de dolor y otra cosa morirse de vergüenza./

Por eso ahora, me podés preguntar/y sobre todo puedo yo responder./

Uno no siempre hace lo que quiere/ pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere/.

Llora no más, Botija, son macanas que los hombres no lloran,/

aquí lloramos todos,/gritamos, chillamos, moqueamos, berreamos,/maldecimos,/  porque es mejor llorar que traicionar,/porque es mejor llorar que traicionarse,/

llorar, pero no olvidés.

El Nacional

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