Opinión

El Bulevar de la vida

<P>El Bulevar de la vida</P>

          Si Leonel Fernández se mantuviera fuera de la contienda electoral de mayo 2012, -como parece-, sería la primera vez en 33 años de lucha electoral que el país se quedé sin bujía inspiradora, sin un vendedor de sueños, sin un vendutero de esperanzas, que mucho de eso es un candidato, y mucho de eso tiene la política.

        

Un candidato tiene la obligación de enamorarnos, generar confianza, credibilidad, e incluso cierta alienación mental que nos lleve a olvidar lo malo y destacar lo bueno.

 

Como en el amor en su etapa primera, un buen candidato provoca que miremos sus flores y obviemos sus espinas. De esa dama que amaste recuerdas sus caderas, ay, pero hace tiempo olvidaste sus querellas, celos, tantos puntos suspensivos.        

        

Así, de Hipólito en 2000 el país destacó su chercha fraterna, su laboriosidad, su honradez, su familia ejemplar, sus muchachos bien criados, su vocación para la amistad y los afectos, pero olvidó los boches, la informalidad doliente, su acelere, su autoritarismo tan celebrado. Trujillismo agronómico, quiero decir.

 

          De Leonel en 1996, la gente compró su juventud, su formación, su talante democrático, su tolerancia y sencillez demostradas en las aulas y las redacciones de los diarios, justo en un partido donde los arrogantes formaban coro. (Leonel es un Balaguer sin doce años, como un Bosch sin exabruptos.) En 2004, el país compró su visión de patria, sus condiciones de estadista, pero obvió su reiterada permisividad, su nunca confrontar, su lentitud a la hora de tomar decisiones, su dejar hacer, su dependencia de malos amigos, ese nunca cancelar a un ministro alocado, torpe, y/o corrupto.

 

(Hagan memoria.)

          Por todo esto, las elecciones de 2012 serán las elecciones de la incertidumbre.

       Por primera vez, los dominicanos no estamos seguros de nada ni de nadie; quizás tan solo de que el país naufraga, e irresponsablemente lo vemos hundirse sin mover un dedo. Digamos que la crisis social nos mea e insistimos en decir que llueve. 

         

En el PLD, Danilo tiene el discurso pero le falta el carisma. Justo lo contrario de lo que le ocurre a Hipólito. Por su parte, Miguel es un Danilo pero de blanco.

 

Ambos opacos como un guachimán de farmacia, o el consejero cojo de una reina. A Danilo lo salva el discurso y lo aplicado a sus asuntos. A Miguel, su éxito empresarial y familiar, su vocación para la solidaridad hacia sus compañeros o amigos. Pero, como aquellas solteronas católicas y frígidas, ambos son de difícil venta en un país que ama la chercha; Leonel -y su flema villajuanesca- es la excepción de esto, porque es el fruto de otras circunstancias históricas expresadas en el Frente Patriótico. (Al otrora joven profesor le cayeron limones del cielo boschista-balaguerista, y sin chistar hizo su limonada. Por no hablar de la suerte como categoría histórica.)

          ¿Y entonces? Presten atención, hagan sus apuestas. La casa paga a partir de mayo. País de incertidumbre.

El Nacional

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