Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Maldito Miguel

(«Licenciados en fotocopia»)

            Manolo Disla y yo lo queríamos con pena y con envidia. Y no es una contradicción.

            Él nos superaba académicamente. Desde Weber a Althusser se lo había leído todo y siempre. Pero nosotros bailábamos mejor, hacíamos mejores cuentos y teníamos mas amigas. Miguel no daba serenatas y yo sí. Citaba a Foucault pero no a Silvio, como nosotros. Ni andaba con una guitarra afinada en el baúl del carro por si las moscas, o el amor.  

            Con los semestres y el alcohol, el hoy Dr. Miguel D’ Mena venció su timidez, aprendió a enamorar a las chicas, a citar adecuadamente el verso que procedía en el momento adecuado, a robarle besos a S.T., y le fue mucho mejor. Cuando años después le visité en Berlín, donde sigue coleccionando maestrías y doctorados, ya era un dandy alternativo pero arrasador. Con mi compañera de entonces, recorrimos el Berlín de todos los bares. Esa fue mi innegociable condición, antes que quisiera mostrarnos -como nos mostró-, todas los museos y las puertas de la ciudad.

            Miguel recuerda hoy en su articulo en el HOY mi frase uasdiana de los 80, “Al paso que vamos, muchachos, terminaremos siendo “licenciados en fotocopias”. Y así fue.

            Cuestionada sobre el asunto, la doctora Ana Simó me explicó un día en los pasillos de CDN, que de ahí, de haber sido “licenciados en fotocopias” por falta de libros, nos venía a muchos la neurosis de comprar libros compulsivamente. A Franklin Almeyda casi lo echan de su propia casa porque pretendió colocarle libros a su doña hasta en el lobby del hogar. Y una dama que se respete no pueda aceptar eso. El hoy presidente Leonel padece lo mismo. No conforme con la biblioteca de FUNGLODE, convirtió su antigua apartamento de soltero en biblioteca. Y sigue comprando libros. Cuando el matrimonio de Vianco Martínez se tambaleó porque el dinero de pagar la hipoteca lo gastaba de manera compulsiva en la librería Cuesta, se inventó, -yo fui testigo-, comprarle las obras completas de Borges a su santa esposa, que por cierto, odia a Borges. Pero claro, era un regalo.

            Treinta años después, así andamos, hermano Miguel, cada quien con sus nostalgias. Si el profesor Leonel no hubiese afrontado junto a Jimmy Sierra tantas dificultades económicas para conseguir ejemplares de aquellos libros de sociología de la comunicación que en GG Mass Media editaba Miguel Moragas, posiblemente no tendría la obsesión por los libros que padece. La misma que padece José Mármol y Chaín que por lo mismo también han tenido sus crisis matrimoniales. ¿Libros en un comedor? ¡Qué dama aguanta eso!

            Obsesiones, neurosis, culpa de esos años de sueños altos y bolsillos flacos, ay. Fantasmas que el bendito Miguel ha despertado esta mañana.  “A este paso, muchachos, seremos licenciados en fotocopias”, y lo fuimos.     Y les dejo, que hay especial de a RD$100 en Cuesta del libro.

El Nacional

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