Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Es ambiciosa como un judío, implacable como el olvido y absoluta como un Dios cuando había dioses.

Hablo de un reforma fiscal que es inevitable “como los besos, si anochece y no para de llover”.

Los señores del santo gobierno necesitan 55 mil millones de pesos para el próximo año, y lo necesitan urgentemente para preservar “la gallina de los huevos de oro” que en nuestra economía ha sido la estabilidad macroeconómica, que es un elemento sine qua non para atraer inversión extranjera y crear un buen “ambiente de negocios”, como dicen los señores del capital que tan bien aprovecharon esa estabilidad.

Hablo de la estabilidad que logró mantener el país, -en un periodo en que Estados Unidos y la vieja Europa, sobre todo la Europa latina de Grecia, Portugal, Italia y las Españas-, se acercaban peligrosamente al tercermundismo de pobres y desempleados. (Con las crisis del 2007/08 que aún no termina, se ha evaporado el “sueño americano”, como se pierden en el olvido los amores contrariados si no hay luna llena ni sol en las bahías de la isla).

Sin embargo, ante lo inevitable y urgente de la reforma y su zarpazo de pobreza para la ya empobrecida clase media y el resto de los pobres, afirmo aquí que ella, la reforma, representa una gran oportunidad.

Hablo de la oportunidad de, a partir de la posibilidad de la protesta cívica, presionar al gobierno para que tome las medidas que le otorgarían, -no legalidad que ya la tiene-, sino legitimidad y sobre todo autoridad moral para pedirle más sacrificios a un país de sacrificados y sobrevivientes.       

Para que los dominicanos podamos sentarnos a negociar la esperanza de una posible aceptación de ese paquete, -mas completo que un sándwich de la Payán-, el gobierno deberá antes, y esa es la oportunidad: Acelerar, motivar, “saludar” las acciones del Ministerio Publico para sancionar la corrupción administrativa de los últimos diez años. Relanzar la Cancillería, eliminando por lo menos el cincuenta por ciento de la burocracia diplomática y sus botellas.

Eliminar nominillas, barrilitos y exoneraciones ilimitadas para los duques del Congreso y otros especímenes de la vagabundería politiquera. Vender en pública subasta los 180 apartamentos de lujo de Los Cacicazgos, construidos, inexplicablemente y aunque usted no lo crea, con los impuestos de los contribuyentes.

Dejar sin efecto para exhaustiva revisión TODAS las pensiones aprobadas por la JUNTA MONETARIA del Banco Central en los últimos 12 años, y aprobar de urgencia el proyecto original de Ley de Salarios que el ministerio de Administración Pública envió al Presidente de la República, y llevar los salarios y beneficios marginales de legisladores y funcionarios del sector monetario y financiero del Estado, a cierta racionalidad, o mejor: a cierta moralidad, que lo mucho, ay, hasta Dios lo ve, que mira poco.

La maldición de esta reforma y sus efectos en la población, debe servir para que los ciudadanos TODOS militemos en la esperanza y asumamos -en las calles si fuera necesario- nuestras responsabilidades ciudadanas.

Uno confía en que el gobierno de Medina llegará en sus acciones en defensa de los pobres y la clase media hasta donde esa clase media y esos pobres estén dispuestos a apoyarle, más allá de discursitos de pasillos, bulevares vencidos, tertulias de café y  puticlubs de buena vida. Y que la cante Rodríguez: “En mi calle hay un banco que es tan largo y blanco como el mármol donde iremos a parar…”.

El Nacional

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