Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

El discurso presidencial como Prozac de optimismo

          «Mozo, ay, sírveme la copa rota/quiero sangrar gota a gota el veneno de su amor.» Alci Acosta.

 

Al no ser el nuestro un sistema parlamentario que promueva el debate de las ideas entre el Presidente y el líder la oposición, (-cuando ambos se encuentran en la Asamblea Nacional-), en nuestro país el discurso de “rendición de cuentas” ha devenido en un Prozac de optimismo oral, en un Valium de buenas noticias y giros chauvinistas, cedaceados por la conveniencia, los intereses o pareceres de cada mandatario. Hagan memoria. 

          Un país que tiene una oposición con las características de la nuestra,  que ni tiñe ni da color, ni lava ni presta la batea, o sea, que ni hace ni le interesa hacer la tarea de desmenuzar los contenidos, pifias, manipulaciones u omisiones graves del discurso presidencial, no puede esperar que el mandatario se haga un haraquiri al pronunciarlo.

          A partir de esta reflexión y esta realidad, el discurso del profesor Fernández fue bueno en las formas, genial en la dramatización, impecable en el montaje, excelente en la exposición, correcto en la estructura, inteligente en los razonamientos, pero exagerado en el optimismo, con temas incompletos como el de la corrupción y la percepción generalizada que de ésta tiene la población, o la falta de autoridad que se respira ya hasta en los semáforos, o con temas no planteados como el grave tema haitiano que pone en peligro la nacionalidad dominicana a partir del proceso de fusión pacífica que vemos cada día en cualquier semáforo, esquina, construcción o conuco.

          Esta vez, el tradicional optimismo del Presidente llamó la atención especialmente por el sabido y reconocido mal momento por el que atraviesa el gobierno frente a la Iglesia católica, frente a cierta cúpula empresarial que ya le tira a matar, alguna sociedad civil de acidez singular, amplios sectores de la clase media que expresaron su rechazo apoyando el lunes amarillo del 4%E, y sectores pobres que por alguna razón no han recibido los beneficios de la política social, los avances en salud, vía SESPAS y SENASA, entre otros. 

          En su soledad conceptual, con una oposición política en plan Shakira -no por Gerard Piqué, si no por su sordera, despiste y mudez-, Fernández no rindió cuentas, sino más bien ofreció un concierto de logros y avances de su gestión, sin explicar el porqué de sus retrocesos o sombras que también las tiene y hubo.

          Si bien, «siempre es difícil argumentar contra el éxito», (y Leonel ha sido el político electoralmente más exitoso de nuestra vida democrática) el optimismo del mandatario es proverbial e ilimitado.

          El profesor siempre se ha referido a lo conveniente que es para un país, para su presidente y sus ciudadanos, mirar la copa nacional medio llena. Sólo que ahora, con esos frentes sublevados y tanto poder fáctico descontento, con los obispos en franca rebeldía, y los ricos en bembitas full, quizás ha llegado la hora definitiva de comenzar a tomar viejas medidas postergadas, para evitar lo peor: que se rompa la copa nacional. «Que no se rompa la noche, por favor, que no se rompa.» (Ojalá y ayer haya comenzado.)

El Nacional

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