Así como un verdugo trujillista no paga su culpa de sangre suicidándose pero algo es algo, de igual forma, la inversión en educación no es una garantía de mejoría en la gestión educativa pero algo es algo, por ahí se comienza.
La no automaticidad entre inversión y resultados en gestión educativa ha quedado demostrada con la crisis que afecta Inglaterra y México a pesar de sus altas inversiones en educación, y justo lo contrario en los exitosos casos de Corea del Sur o de Polonia que invierten mucho menos que esos dos países.
En el caso dominicano, el dinero no basta, no es suficiente, no es patente de corso para la calidad, pero es una condición sine qua non, sin la cual no, para ponernos medio latinos.
Nuestra educación necesita una inversión mayor al 1.98% del PIB que es lo que asigna el Presupuesto 2011, torpe, gomígrafa y sordamente aprobado ayer por el Senado. Pero no solamente eso.
Junto al aumento en Educación en ese presupuesto, que el Presidente puede decidir con sólo enviarlo de nuevo al Congreso, (ante tanta obediencia desbordada sería cosa de una tarde), existen otros fundamentales temas que van más allá de los recursos a invertir.
La campaña del 4%E no dice para qué el aumento, porque bien saben los publicistas y los especialistas en comunicación política que toda campaña necesita un slogan unificador que resuma el contenido.
El 4%E resume la necesidad de más recursos para mejorar urgentemente la calidad de la educación, que a pesar de los esfuerzos e iniciativas de sector privado, sociedad civil, iglesias, y del propio Presidente, corre el grave peligro de dividir el país en dos grandes grupos: uno pequeñito con los hijos de la clase media hacia arriba, trilingües y capacitados, y otro inmenso e ignorante grupo, que ya bachilleres, serán incapaces de superar una prueba de lectura comprensiva.
El dinero no es suficiente pero es necesario. Qué hacer con él, lo establece el Segundo Plan Decenal de Educación, y lo proponen los resultados de aquella Cumbre por la Excelencia de la Educación, propuesta por el mandatario.
Comencemos por construir sin grado a grado-, los planteles necesarios para establecer la tanda única. Llevemos hasta el último maestro dominicano la capacitación que mediante convenio y personalmente el Presidente se agenció con las universidades élites Harvard y Cambridge, si mal no recuerdo. Esos programas están en el país, pero el Ministerio de Educación no ha logrado que funcione el efecto multiplicador con los primeros maestros capacitados.
Mejoremos sustancialmente el salario a los maestros, pero no a todos ni automáticamente, sino por desempeño y resultados. Hagamos social y económicamente atractivo ser maestro de escuela, tanto, que se tenga que concursar para ganar una plaza.
El pueblo dominicano, que ha elegido de presidente -en tres ocasiones y con más del 50% de los votos-, al hijo de doña Yolanda, con la protesta cívica del lunes 6D le pidió sin pedirlo que imponga su visión y su estilo de gobierno a los funcionarios. No todo el mundo tiene capacidad gerencial para ser ministro, ni tiene que serlo durante todo un gobierno. (Mire qué bien le ha ido a Felucho en sus negocios, y a Javier García en Turismo, por ejemplo.)
Esta administración gubernamental está saturada de políticos y carece de gerentes.

