Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

         La crisis originada por nuestra partidocracia, por su nueva modalidad de reservar para su cúpula la mayoría de las candidaturas a cargos congresuales y municipales, no será muy democrática, no alentará  para nada la participación de las bases partidarias, fomentará el clientelismo y hasta justificará cierto transfuguismo de compra y venta, pero, -dicho esto-, hay que reconocer que es una verdadera gozada el ver llegar la Semana Santa y que todavía no estén completadas las listas de candidatos, y se sienta poco, muy poco, la algarabía electorera del clientelismo mayor, la explotación miserable de unas miserias nacionales que existen por culpa de quienes, con dádivas, van alimentando y justificando esa miseria.

         Este comportamiento, que nació con la República y la democracia, se ha ido perfeccionando con una perversidad y maestría que espantan, justo al ritmo de crecimiento del presupuesto nacional, otorgando rigurosa actualidad a los versos de VM San José Sánchez, con aquello de que “el hombre que inventó la caridad -(o las dadivas, las botellas, y las limosnas)- inventó al pobre y le dio pan”. Algo que nos llevaría al razonamiento del obispo Helder Camara, de Brasil: «Cuando di de comer a la gente pobre, me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué la gente es pobre, me llamaron comunista».

         Pero el caso es que se nos muere marzo, y ¡qué felicidad! todavía no se sabe ni siquiera quién será el candidato peledeísta a senador de la provincia de El Seybo, por ejemplo, y todavía esta mañana se discutían en el Pleno de la JCE otros resultados, impugnaciones, revisiones, y así.

         Tal que estas del 2010, serán unas elecciones chulísimas, casi primermundistas, sino fuera porque nunca como ahora se habían igualado tanto en sus desacciones y absurdidades nuestros alocados partidos del poder y el olvido, compra venta, suicidios éticos, pero algo es algo.

         ¡Quién lo diría! Es lunes santo, y todavía puede uno descubrir la zona colonial sin compañeritos gritando ni bandereos molestosos, solo la historia y sus adoquines, amor, sólo la luna, el vino y tu recuerdo, ay, “para lamentar ausencias y saludar la gloria del amor correspondido con sus cabalgatas y su cielo”. Y sigo con don Joaquín Umbrales: “Si Dios es amor, este amor es Dios, tú eres mi Magdalena… y te quiero.”

El Nacional

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