Una «mala» invitada al Bulevar TV
Ayer, la antropóloga social Tahira Vargas estuvo de invitada al Bulevar TV, originándose entre nosotros un diálogo duro y dolorido, fuerte y lacerado, como el espejo de una realidad que, irresponsablemente, muchos nos negamos a aceptar.
Tan arrogantemente ungidos de ciudad y polígono central estamos, que nos impacta de mala manera tanta verdad dura y directa expresada en una crónica vivida y honesta sobre lo que son hoy los pobres nacionales, es decir, el país.
Demasiado texto y TV, categorías sociológicos y conceptos políticos, demasiadas tertulias de buen café y mal vino nos obnubilan y abaten para que podamos asimilar tan cruel realidad como la que ayer nos presentó Tahira en El BulevarTV.
De entrada, -como la crema de auyama de uno de esos almuerzos bien a los que a veces invita el CONEP y sus abogadas-, la dama viene y revela que en RD existe entre 12 y 15 por ciento de pobreza extrema. O sea, personas que rondan en un abanico de carencias que puede ir desde un estado de sobrevivencia, -que se alimentan diariamente, aunque sea una sola vez- hasta niveles de indigencia, donde muchas familias pasan hasta dos y tres días sin probar alimentos. Y dijo más: Nos explicó el liderazgo que el narcomicrotráfico ejerce en los barrios pobres de nuestras ciudades.
Si el bisturí confirma el fracaso de la medicina, que cuenta GGMárquez, el liderazgo barrial del microtráfico decreta el fracaso de todas las políticas sociales de todos los gobiernos que gobierno han sido. Habló Tahira del respaldo del delincuente hacia toda la gente de su entorno, a partir de su necesidad de marcar y controlar un territorio que compra con la solidaridad que debían tener/haber tenido los gobiernos de 30 años de democracia papelera y cínica. Y como colofón de espanto, recordó cómo el apresamiento de Quirino cambió la vida de miles de familias de Elías Piña para quienes el Don era un pequeño gobierno, solidario como una Lotería provincial, una especie de Barrio Seguro pero sin Franklin, y muchas vacas lecheras en vez de Harley Davison entre callejuelas enlodadas y miserables. (¡Joder, para qué la habré invitado!)
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