Opinión

 El bulevar de la vida

 El bulevar de la vida

A un pequeño burgués vencido

  A Alexis ROA, que padeció la afrenta.

            Ayer, en una reunión muy sería, un amigo pequeño-burgués aprovechó el descanso para hacerme una denuncia que, por la gravedad contiene, creo necesario hacerla pública a través de este bulevar, que para eso está, para servir a la colectividad y sobre todo a los vencidos de la política, y también del amor.

            Les cuento que en los últimos tiempos han aparecido en el país unos empresarios riquísimos que asignan apartamentos como si nada, donan Cartier como propinas y hasta “montan” como reinas a cualquier mozuela, además de llevársela a conocer seis islas del Caribe en tres días, con mucho Gucci y algo de Ferragamo incluido.  

            El resultado de esta práctica de estos “manosueltas” es cruel, inhumana y antidemocrática, pues ellas alejan las posibilidades de conquista de esforzados señores de clase media, como Alexis, que en sus limitadas opciones económicas no pasa de un libro “Inventario” de Benedetti, un atardecer en Juan Dolio,  o el regalo en papel de lentejuelas de una tarde sin nubes con un sol entristecido frene al mar… y poco más. Y así no debe ser.  

            En esto deberían meterse el CONEP, PC y la DNCD. Al  fin, no todo es drogas, apagones o uso de recursos del Estado. Reivindiquemos también el derecho democrático al fornicio de señores como Alexis.

            Esto sólo tiene un nombre: competencia desleal. Y a cuenta y riesgo lo digo: Así no, se compite,  señores ricos.

            Por eso, sin resentimiento ni complejos, cedo mi voz a las víctimas de estos nuevos ricos cuyos excesos económicos han sacado de la competencia del santo fornicio y sus horizontalidades a gente buena y decente como Alexis.

            (Y es que después de un Cartier de última generación, cómo se aparece el pobre Alex con un poema  en technicolor de “El amor por ejemplo”, algo de mis “Versos para Mariana Pagliari”, o una flor robada con disimulo en Madé Floristería.)

            Así no, señores ricos, vivamos en democracia. Los excesos no son buenos, y la competencia desleal,  tampoco.

            El empresariado dominicano, tan quejica por la ocasional competencia desleal del Estado, tampoco debería aplicarla a la hora de competir por los cóncavos favores de una damisela de buen ver y mejor dar… según me ha contado el sufrido Alex y gustoso ya he explicado a ustedes. Muchas gracias.

El Nacional

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