y perdón por la nostalgia
Aunque de vez en cuando me extasío en el laberinto de un escote interminable, canto al rayo de luz de una mirada que no cesa, amores impertinente,ay, las noches de La Casa, la luna de Neptuno, con demasiada frecuencia caigo en la trampa de la nostalgia, el parque del pueblo, el abuelo Pablo, el FEFLAS, «que suelten de una vez/ los cinco MPD.»
Pero es que para contar no basta lo leído, se requiere sobre todo haber vivido. Todo lo que escribimos pasa por el cedazo mágico de la memoria, por ese Yo de la modernidad que desde entonces es la literatura. La lectura sin tertulia no tiene vida, la escritura sin tigueraje no tiene alma. Porter House no está mal, pero no olvide El Bomba. La Casa.
Por más que la realidad nos golpee o precisamente por eso, siempre vuelve uno a los fantasmas de sus sueños vencidos.
Las vivencias son el microscopio con el cual oteamos el presente, un presente que sigue siendo de injusticias y sobre todo de traiciones. Uno comenta el texto, sólo después de haberlo escrito.
(Nuestros pecados como sociedad ya no los paga Balaguer, ni la derechona años 70, los imperialismos de la Guerra Fría; ahora nos toca pagarlos a nosotros, que aquí no hay más cera que la que arde ni más bueyes que los que están arando, amor,: Los tres tristes tigres partidarios, más el CONEP, cinco familias, la Santa Iglesia y los ilustrados altares de la Sociedad Civil.)
Entonces, porque estamos perdiendo la guerra a la desmemoria y a la traición, es inevitable caer en la nostalgia por esos compromisos de honestidad y vocación de servicio que enterramos cada cuatro años, quién sabe dónde ni por qué. ¿O sí sabemos?
Cómo no recordar entonces al abuelo Pablo, cómo no volver al viejo sabio de Río Verde, una y otra vez, ?comprende?.
Justo cuando debía ser el tiempo de los hombres honrados y de trabajo, nos sorprende implacable la época de las decepciones, la deserción masiva de las filas del decoro, de ese hombre nuevo que iba para champán de Patria y no ha llegado a ser, ni siquiera, un mabí ventorro de patio. Será triste admitirlo, don Radha, pero es la realidad: Cuando nos sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas. Entonces, bebamos en paz, hermanos, !ya amanecerá algún día!

