Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

2010 o la posibilidad cierta de la esperanza

Un amigo lector me acusa de insistir en la esperanza, de, con demasiada frecuencia, anunciar que “ya amanecerá algún día.” 

Pues mire usted, amigo YP, que de eso se trata. De esperanza. De enfrentarse a la vida, aunque la derrota siga siendo una posibilidad cierta, como la presencia de esa mujer que aquel día entró a una oficina.

Cuando no hay razones para el optimismo, entonces llega la fe, la esperanza, o llega Dios, que es lo mismo.

Mal andamos, claro que sí, amigo YP. Cada año se inicia con la amenaza de empeorar la fe o matarnos la esperanza.

El país marcha muy mal éticamente. La injusta distribución de la riqueza nos aturde, y el narcotráfico hasta cena en casa sin que lo sepamos. Pero no puede morir la esperanza, ni en la política ni en el amor. No, amigo YP. En algún bar de una esquina, quizás ya te está esperando una María Magdalena «dadivosa» y tierna para fundar contigo un gran amor, eterno hasta que dure, inmortal hasta la noche de un lunes. Pero vendrá. Y habrá felicidad, es decir, se llevarán bien, compartirán sueños, reinventarán caricias o leerán a Bosch por sufrirlo o a Sabines para quererse más.

En la política no es diferente. También es cosa de dos: Usted y el resto de la sociedad.

Hemos querido vivir en democracia pero cada uno de nosotros lleva un Rafael Leónidas Balaguer Ricardo en el subconsciente, y nos dan un carguito en el gobierno o la empresa y de inmediato nos brota el monstruo caudillista. No sólo Balaguer, Hipólito o Leonel le han cogido el gusto al carguito. Hagan memoria.

Por eso, más que condenar a los otros condenables, se trata de redoblar nuestros esfuerzos por ser mejores ciudadanos, o simplemente llegar a ser ciudadanos de una nación, y no electores alienados de una banana republic, atrapada entre impunes carteles de drogas y mucho “cuélame este paquete, mami”.

Insistir en la esperanza. Ya ve: No acaba de salir el sol, ella no vino, el Sabina canta por Praga, pero sé que más temprano que tarde va a amanecer, está amaneciendo, aunque sin más sol que la posibilidad cierta de la esperanza, “el duende del amor, de tu presencia.”

El Nacional

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