Una superstición muy difundida
«Qué imponente es la belleza de una mujer inteligente, toda una tentación inapelable.»
La entrega de la regalía pascual, el sueldo trece, decreta ya el inicio de la alienación feliz que trae la Navidad.
Una vez más queda cerrado el país por la alegría y ya habrá enero para las querellas, que por cierto son muchas, demasiadas, y para colmo, todas ellas sustentadas en la estadística, que fue lo que llevó al genio de Jorge Luis Borges a pronunciar su frase lapidaria y sentenciosa: «La democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.»
Mientras seis mil millones de pesos van a las calles nacionales, en todo el mundo se cumple el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con un record de asesinados en intercambio de disparos en el patio nacional, más de cuatrocientos, y la delincuencia en aumento. Ya sabemos, gracias al informe de homicidios y acciones legales de la Procuraduría General de la República, que durante 2008, 25 de cada 100 mil habitantes murieron de manera violenta en el país. Entre enero y septiembre de este año ocurrieron mil 807 homicidios, 320 más (21.51 por ciento) que la cifra del año pasado que corresponde a mil 487 víctimas».
Y sigo dando la razón a Borges: Según el más reciente informe de la CEPAL, en todos los países de Latinoamérica han mejorado los niveles de bienestar de los más pobres con la sola excepción de Guatemala, Honduras y, claro, República Dominicana, donde también aumentó la indigencia. Gracias al estudio: «Situación de las mujeres que realizan actividad sexual comercial en Santo Domingo y La Romana», auspiciado por el Centro de Estudios Sociales Juan Montalvo, sabemos que 73 por ciento de nuestras profesionales del fornicio se inicio en el oficio por razones económicas, y el 94 por ciento lo abandonaría su tuviera la oportunidad de un empleo digno.
He ahí las estadísticas que dan razón a la sentencia borgiana y nos denuncian ante el mundo como una selva injusta, ágrafa y monosilábica, sin Dios ni María. Pobre patria doliente y dolorosa como el silencio, injusta como tu ausencia, injusta. Por cierto, irías a ser muda que dios te dio esos labios
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