Aquí estuvo la muerte y preguntó por Dios
¡Dónde estaba Dios cuando te fuiste, dónde estaba el sol que no te vio!
E.S. Discépolo.
En los doce años, existían patrullas policiales que asesinaban a los muchachos de los barrios por su militancia revolucionaria (¿recuerdan?)
Ahora, menos politizadas, hay patrullas que matan nuestros jóvenes por no detenerse en el lugar exacto donde ella ordena.
Por esa y otras cosas, el país es hoy un temor solo, un único susto, una inseguridad toda. (Pero el ministro de la cosa quiere ser presidente de la República. ¡Estamos locos!) El país es una locura de sin sentidos, de incongruencias, de impunidad y de mucha irresponsabilidad. El país se nos desangra de miedo.
¡Quién lo diría! El dominicano teme más a una patrulla policial de madrugada que a una banda de sicarios caminando en Carrefour o almorzando en La Francesa.
Los mejores hombres y mujeres de la Policía Nacional sufren en disciplinado silencio. La PN es rescatable, con voluntad política, dinero y un par. Se vuelve a hablar de Reforma Policial, pero esta no arranca. A penas buenas intenciones asoman y el miedo a la policía aumenta en la ciudadanía, y sin respeto, lo que es muy grave.
Si el Estado dominicano es incapaz -no sólo de brindarnos energía eléctrica, agua, o educación de mínima calidad-, sino que su ineficiencia incluye ya hasta la más mínima seguridad ciudadana, entonces, ¿hacia dónde vamos? Aunque en los seminarios y los talleres, en los diagnósticos y los simposios estén pensadas y escritas todas las respuestas.
No se construyen las guarderías que manda una ley para los hijos de los pobres, -no hay trabajo digno para los padres de esos hijos, mientras revestimos de una confortable modernidad de M (que no de miércoles) el polígono central de SD o el de Santiago, ay, cada vez más acogedor y romántico, según me cuentan.
¡Qué más debe ocurrir, qué jodida desgracia debe saludarnos para que aprendamos, y aprendan quienes nos gobiernan, que es impostergable definir ya nuestras benditas prioridades!
Si la policía da miedo, la educación no enseña, la luz no llega, el agua falta, la impunidad celebra, y el temor ciudadano es una herida que no cierra, ¿en qué país vivimos?
¿Quién prohibió la esperanza? ¿De dónde c le ha brotado tanta irresponsabilidad a esta generación nuestra que debió salvar la patria y la ha convertido, ¡ya ven!, en una bullanguera selva oscura de sangre, corrupción, terror, impunidad y mucho olvido.

