Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Off de record, reelección y ausencia

        Ayer les contaba que lo más doloroso del almuerzo del pasado lunes con el Presidente Fernández, fue el momento en que un compañero periodista preguntó: Presidente, ¿todo lo que se hable aquí será off de record? Y el mandatario dijo que si, con la única excepción del tema de la reelección.

        Ahí mismo se había firmado un contrato tácito entre Fernández y nosotros, que, es bueno decirlo, nunca fuimos convidados a Palacio a una rueda de prensa sino a un almuerzo por Navidad y Año Nuevo y para compartir impresiones de primera mano con el político y estadista. El respeto a ese contrato es parte fundamental de la ética periodística.

        Pero periodísticamente, el reportero que todos llevamos dentro sufrió mucho ese almuerzo, sabiendo que tantas notas, impresiones, sorpresas, debían quedar guardadas como bagaje periodístico para el trabajo. Por eso, impedido de hacer la crónica política en todas sus partes, ayer hablamos del detalle sociológico que siempre se extrae de un buen vino, además de otras fortunas de atardeceres, of course.

        Y les decía que al probar ese primer sorbo del tinto Los Vascos que allí se brindó, inmediatamente comencé a borrar de mi mala memoria el mal recuerdo de los vinos “deficientes y limitados” de los primeros almuerzos  en Palacio entre 1996 y 1998, donde en materia enológica se sufrió mucho con unas santas chilenas de nombre Rita, Carolina, o la odiada señora Carmen. Pero olvidé decir que -límites vinícolas aparte-, fueron hermosos tiempos de feliz ignorancia en la materia, pues para entonces, todo el Consejo de Ministros del gobierno pensaba que Protos era un medicamento o el nombre del esposo de la señora dueña de la Joyería Prota; que Vega Sicilia es el nombre de un partisano siciliano que se quedó a vivir en La Vega después de la guerra de abril del 1965. Para entonces, en Palacio, de buen vino sabía Luis Manuel Bonetti, gracias a su muy cercana relación con sus primos ricos; Eduardo Selman, entonces el único rico de todo el Comité Político y Central peledeísta, y un poco Diandino Peña, y digo poco, porque Villa Juana, como me pasa a mí con Baní, y también tanto Moscatel Caballo Blanco y tanto Cinzano de juventud, no se superan tan fácilmente.

        Por lo conversado en ese almuerzo, (por ejemplo lo que tiene que ver con la decisión del ministro de Educación, de implantar los textos integrados sin consultar ABSOLUTAMENTE a nadie) todos nos llevamos una gran sorpresa. Pero aquí me detengo por culpa del bendito off de record, que ya les decía ayer que duele como una ausencia.

        Menos mal que a las seis, el Jardín Botánico era un poema de amor acurrucado de verde. Menos mal que esa tarde –según mis fuentes, estaba triste la mar y al morir el día, en Café Pompeiano mis amigos me tenían reservada una botella de Los Vascos. 

        Caía la noche, y aunque TEMPORALMENTE vencido -como la campaña por el 4%E- por culpa del off de record, tuve valor para sacar del baúl de mis nostalgias el recuerdo de una mirada que se reelige en mi memoria, y sin necesidad de Tribunal Constitucional, Suprema Corte, Congreso, referendo ni plebiscito.

El Nacional

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