En defensa de la alegría popular
A la señora Suprema, al santo Congreso y al cortés Ministerio Público no les ha gustado la idea de que en sus alrededores, exactamente en «la Bolita del Mundo» que durante años ha sido el centro nacional de las caricias de alquiler, Brugal intentara celebrar su tradicional fiesta gratuita y popular de despedida de año.
¿Pero, es que acaso en el Roncierto Brugal se tenía planificado algún nombramiento irregular, tráfico de influencia impublicable, pérdida alevosa de algún expediente, dedicación romántica de una pieza a algún juez de bohemio proceder, o acaso se pensaba aprobar esa noche alguna ley sin que los legisladores la leyeran? No.
Nada de lo anterior ocurriría. Sólo alegría, incitación al fornicio sano, -que siempre es sano-, muchos abrazos, «romo dao y mujere gorda» que, según mis fuentes, es lo que hay en la entrada al paraíso de los pobres nacionales, unos pobres más olvidados que un amor de conveniencia, de esos que «ni importan ni estorban».
El Roncierto es circo fiestoso y festivo para una pueblo sin pan, pobre y vencido que, sin haber leído a Sabina, no tiene ya más religión ni partido político «que un cuerpo de mujer», generalmente trigueña de ojos negros, andaluza de Jaén, ay, de quién serán tus olivos.
Si en cuarenta años de democracia fullera y cherchosa, de colindancias corruptas y corrupción impune, el Estado dominicano no ha sido capaz de dar pan, salud y educación digna a este pueblo, ¿cómo puede ese mismo Estado negarse a ser vecino de un fiestón gratuito y tradicional, escaso momento en que el pueblo pobre, alienado y feliz por un buen ron y algunas morenas dadivosas, se sienta a conversar con la María Magdalena, mientras en el fondo, El Chaval, como un Edith Piaf macho y con libras, nos dice: «Maldita sea la primera vez que hice el amor contigo, ahí fue que yo me amarré, y por tu culpa estoy más perdido que un camino viejo, más perdido que un conuco sin desyerbo, por tu culpa estoy perdido.»
Que la SCJ, el MP, y el CN revisen su decisión. Una cosa es vivir sin pan, y otra más grave es vivir sin derecho a la alegría, alienación circense de un feliz final de año. Ya habrá enero para seguir j jorobados.
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