La Tercera Ola (1)
Pero no la de los Tofflers ni la Subero en la Suprema. Hablo de que, quizás, al peledeísmo triunfante le está llegando el momento definitivo de pasar a La Tercera Ola.
La primera fue don Juan, es decir el universo intelectual apoyado en la ética moral a cualquier precio, y miren que el precio fue alto. Tanta rigidez en los principios, tanta tozudez coronada con la gloria de la inmortalidad tenía sus bemoles. La enfermedad aceleró su paso, y la ola del olvido fue llegando a este hombre del Renacimiento vencido entre sueños ante una patria de bullangueros y trujillitos.
Para entonces, 1995, comenzaron a llegar los muchachos a hacer camino en su andar.
Recuerdo que en mi dacha madrileña se celebró mucho, El Sabina -recién descubierto- cantó sin final en la vellonera del bar de mi esquina, cuando mediante llamada Fausto Rosario ¿o sería don Bienvenido?, me contó que Leonel, el joven profesor de los temas internacionales y la sociología de la comunicación (que tanto le han servido en su carrera política) la cara amable de un partido con unos cuantos señores de carácter intransitable, iba a competir por su candidatura presidencial. En ese entonces, lo que para hacer su tarea le faltaba a Leonel, ya en el PLD lo tenían Danilo y Temístocles. Hablo de un equipo humano que pudiera servir de soporte para competir con dos los dones Gutiérrez y Botello. Por suerte para Leonel, para entonces, ya el futuro era ayer.
Agotado el modelo de gobierno balaguerista, celebrado el fin de la guerra fría, en 1996 el país andaba tras la búsqueda del tiempo perdido, como un Proust político y esperanzado. La juventud, y las mujeres -siempre visionarias en su luz de madre- fijaron los ojos en este muchacho que, como escribí entonces, era la imagen del hermano que todos queríamos tener, el buen hijo que toda madre quisiera adoptar. Y entonces, ¿para qué mas detalles? El Frente Patriótico definió su victoria y el joven de correcto decir y buenas formas, el de saco desgastado, mocasines siempre y la cabeza bien amueblada fue juramentado como Presidente de la República. Tenía 42 años y ninguna experiencia de Estado. Se iniciaba así, la Segunda Ola del PLD. Continuará, si Dios quiere.

