La tercera ola (y 5)
Uno tiene hoy el derecho y la existencial necesidad de apostar una vez más a la esperanza y, aunque a veces un optimista es tan solo un pesimista mal informado, apoyarse en Gramsci para decir: contra el pesimismo de los hechos el optimismo de la voluntad. Y aquí lo de la voluntad es fundamental, incluida la voluntad política.
En los últimos días, parecería como si algo estuviese cambiando desde la Presidencia. Cosas de La Tercera Ola, quizás.
Desde nuestras quejas recientes por lo que pudimos ver en varios municipios de El Seybo plagados de iniquidades y pobreza; hasta este no acabar de los apagones, la inseguridad ciudadana, entre otras desgracias sempiternas, el Presidente ha estado enviando señales de que algo está cambiando: El pasado sábado estuvo precisamente por El Seybo y Nagua repartiendo órdenes, ojalá y con la disposición de que sean cumplidas a cualquier precio. Al aceptar al fin la verticalización del negocio eléctrico, y que distribuya y cobre el mismo que genera, ha sido otra señal, como lo fue la reunión en Palacio con los funcionarios que construyen y asfaltan. Descentralizar la inversión pública. Matar el grado a grado. Las leyes están ahí. El DN no es el país. Algo está cambiando. Quizás, La Tercera Ola como el futuro está llegando, y por eso hay reuniones, presiones, supervisiones con truño, límites de entrega, decisiones de carácter que uno disfruta como el enano de la buena compañía.
Permítanme hoy el privilegio de la ingenuidad, para afirmar que es tiempo de que el PLD comience a luchar contra su nefasta convicción de que una victoria electoral justifica todos los excesos éticos y sus desmadres. Tiempo de enfrentar sus desaciertos y aloques sin buscar culpables entre terceros o más bien entre terceras. (La guerra contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo, según Bonaparte y Pérez Vidal, El Tito.)
Un partido no puede darse el lujo de morir de éxitos electorales, mientras cuatro millones de pobres (-atrapados en las redes de un clientelismo parasitario que ellos aceptan para sobrevivir-) ven pasar cada día su cadáver y con él sus esperanzas. Pero, quizás algo está cambiando. Perdón por tanta ingenuidad. (¡Lo que puede una mirada e iluminan unos ojos!)
Al mal tiempo: una sombrilla. Es el tiempo de la Tercera Ola o el naufragio.

