Salvo la Ley General de Salud, pocas leyes contienen tanta progresía y avance para la democracia dominicana como la Ley de Partidos y Agrupaciones políticas. (Claro, que las izquierdas dominicanas no se han enterado, y prefieren, como casi siempre, y con la honrosa excepción del Centro Juan Montalvo, seguir gastando pólvora en garza, cazar palomitas y creer que están cazando.)
En casi diez años, la Ley de Partidos ha servido para desnudar a la partidocracia nacional en su cinismo y su vocación traidora hacia sus principios fundacionales y sus padres fundadores, en blanco como en morado.
De los casi diez años que la Ley de Partidos ha sido vilipendiada en talleres, Conares y el Congreso, el PRD controló el Poder Legislativo durante ocho de éstos, (de 1998 a 2006), pero fue incapaz de aprobarla posiblemente por las mismas inconfesables razones por las que ahora el PLD se niega a hacerlo.
Hoy en la oposición, el PRD sabe lo que significa ir de nuevo a una contienda electoral sin que exista un freno legal, -la actual Ley Electoral sirve de poco- contra un PLD gubernamental, con varios diligentes funcionarios de la tendencia del Dr. Fernández Reyna como candidatos a senadores, por ejemplo.
Hablo de un PLD reinventado en 1999, que al igual que el PRD en sus oportunidades, ha demostrado que en materia de uso de recursos del Estado en procesos electorales es lo más parecido a un mal amor: No tiene conciencia de nada y es capaz de todo. Milagros Ortiz o Jaime David saben de eso. Hagan memoria.
Ahora toca al PRD quejarse en la oposición por lo que no hizo desde el poder. Es la jodida rueda de la perversa politiquería nacional. El cinismo de uno justifica el descaro del otro y viceversa, incluso todo lo contrario.
Mientras tanto, el uso de los recursos del Estado seguirá, y seguiremos constituyendo congresos y salas de ayuntamientos, no a partir de la voluntad popular y sus votos, sino gracias al dinero de la corrupción, al de los grupos económicos, del narcotráfico y el lavado de activos . Hasta un día, hasta un día, cuando tendremos entonces que hablar de Jeremías . Y lloraremos.

