Si es cierto aquello de que cada régimen lleva en su seno el germen de su destrucción, el germen de nuestra partidocracia está constituido de anarquía y cinismo.
Así, el virus destructor del PRD ha sido siempre la anarquía, esa infinita capacidad para autodestruirse; alocarse sin remedio, y cualquierizarlo todo, desde cargos hasta palacios, marinas, novias, bares. ¡Y siempre terminar mal!
Por su parte, los morados no se quedan atrás; sólo que en su caso el germen de su destrucción es justo lo contrario a la franqueza cualquierizadora del PRD: Hablo de cinismo. O sea, de esa absurda vocación peledeísta para negar con vehemencia lo evidente, y hacer alarde de lo que se carece, lo que niegan sus actos. Corrupción e impunidad en su administración, por decir, o más bien, por sufrir.
Al PLD, las palabras y los principios de Bosch le orinan desde la gloria, pero muertecitos de éxitos, los chavales ni se enteran, convencidos de que apenas llueve; con lo fácil que sería echarle un ojo a los bienes de ciertos funcionarios de parteatrá y saco prestado en algún agosto 1996 o 2004. ¿Comprende?
Además, a peledeístas los delata ese teorizar con profundidad, diagnosticar con precisión sobre casi todo para, llegada la hora de confrontar élites corruptoras para avanzar hacia la justicia social de un viejo sabio de Río Verde, quedarse siempre cazando palomitas, recreándose en su propio discurso, sus propias verdades auto-celebradas.
Los gobiernos del PLD tienen el mérito de haber creado leyes e instituciones modernizadoras, pero al mismo tiempo arrastran la culpa de no ejercer la autoridad delegada por la voluntad popular para hacerlas cumplir, ¡y si quiere que entre el mar! Pienso ahora en las leyes de migración, licitación pública, salarios, carrera civil administrativa. Sufro el DEPRECO y su impotencia como un olvido, ay, la Comisión de Ética y sus folletos, como un adiós en la tarde de un domingo. Mobiliario intelectual para escenografía local y buena imagen internacional, y poco más.
He ahí el retrato de Dorian Gray de nuestra triunfal partidocracia, tan querida por nuestros votantes: Bipartidismo reinante, pero eso será tema de otro bulevar.
Se funde el país en fronteras, fincas, edificios y semáforos, pero eso sí, desde su primer gobierno, el PLD tiene bien claro y estudiado, el caso haitiano, con ley de migración incluida. Pero eso será tema de nuestro próximo bulevar si Dios, Tatica y tus caderas lo permiten, amor.

