Salvo en el amor, donde tres son multitud, uno ama las trilogías casi todas.
Uno ama, por ejemplo, la trilogías de la patria y sus padres, o aquella que alimentaba a Los Trinitarios de Duarte. O la artística trilogía de los Pablo a la que canta Cortez: eran tres y los tres eran hermanos de la luz, del color y del saber. Neruda, Casals, Picasso.
Sin embargo, pasando al mundo terrenal y sus delirios, en el estudio de Pro Consumidor sobre el salami producido en República Dominicana ha aparecido un tres, un tres por ciento al que debemos prestar atención.
El informe de Pro-Consumidor demuestra que el 97% de las 258 muestras pertenecientes a 22 embutidoras legales o ilegales examinadas, presentan algún tipo de irregularidad grave que va desde el contenido insuficiente de proteínas, alto contenido de nitritos y nitratos cancerígenos, o coliformes fecales (E-Coli) !Guácala!
Ese dato del 97% debió conducir a las autoridades competentes (y en especial a las incompetentes) al cierre inmediato de las empresas productoras de vocación homicida, pues hasta hoy el cáncer mata y el estiércol apesta. Pero no.
Al presentar el informe y no ofrecer a los medios de comunicación el nombre de las empresas culpables, se ha embadurnado de E-Coli a las que no lo son y voluntariamente se han ocupado hasta de certificar la calidad de su producción, contratando, por ejemplo, los servicios de una organización del prestigio internacional de SGS (Société Générale de Surveillance), además de su vieja certificación por ISO 9001, o la ISO 14001. Pero hay algo peor: Luego de este incompleto informe que dice el pecado pero no identifica al pecador ni reconoce ni certifica al cumplidor, surge la pregunta: ¿Quién recoge ahora el buen nombre de las empresas a las que se refiere el tres por ciento que sí cumple con todos los requisitos?
Claro que estoy hablando de INDUVECA. Claro. Pero INDUVECA no es MERCASID ni los Bonetti (a quienes uno guarda el viejo rencor de su escogidismo a ultranza sabiendo que existe el Licey) sino sus dos mil doscientos cincuenta empleados y sus familias.
La falta de coordinación, la ineficiencia y las complicidades que afectan a una buena parte de las instituciones oficiales del sector que tienen que ver con el tema, es inmensa y dolorosa.
Como siempre, tan solo se trataba de respetar y hacer respetar las leyes sanitarias, comerciales, medio ambientales y de defensa del consumidor. Nada más.
Las colindancias y la impunidad se están comiendo este país, como antes de este destape de heces y cáncer uno se comía un locrio de salami con fritos, aguacates y besos de mulatas de caderas sin dueño, y alguna fría.
Hasta ahora, el país tenía leyes que el Estado era incapaz de cumplir. Parió la abuela y resulta que ya ni con un estudio científico que Altagracia Paulino, la Juana de Arco de esto de la defensa de los derechos del consumidor se ha atrevido a hacer publico después de 6 meses de ocultamiento y boicot de funcionarios disfuncionales, este Estado es capaz de hacer ni regular nada, salvo incordiar con sus leyes a la gente indefensa, digamos a los miembros del Club de los Pendejos que pagan impuestos y no se roban los semáforos.
Aquí están los hechos de tres en tres. Trilogía de torpes funcionarios (-tan incompetentes como una novia sin tetas que no amara a Sabina-) y que con su irresponsable actitud le han echado a las empresas serias y transparentes del sector -y a 10 millones de dominicanos-, un gran cubo de coliformes fecales y mucha mucha escherichia coli.

