Partidocracia, acuerdos, engaños y cintas de vídeo
Del acuerdo entre Leonel Fernández y Miguel Vargas, el único despiste fue la coincidencia en el color de las corbatas. Todo lo demás estuvo bien, incluida una de las plumas Mont Blanc que falló.
De ese acuerdo sacó LF la posibilidad de que su Constitución fuera aprobada por el PRD, y también el acotejo en la reelección con retorno para, en 2016, -si no antes-, regresar o quedarse a salvar la patria.
Por el mismo acuerdo, VM fue ungido por LF como su adversario -que no Hipólito-, lo que dio inicio al fin de la era PPH en el PRD que hoy vemos
Y hasta alguna esperanza trajo este acuerdo, pues se sabe ya que en la vida nacional hay problemas fundamentales que sin el acuerdo entre la dirección política de ambos partidos será imposible enfrentar con éxito. (Lo demás es demagogia de oposición. Hagan memoria.)
Sin embargo, lo ocurrido esta semana en la Asamblea Revisora en torno a la aprobación del artículo 151 que determina la composición del Consejo Nacional de la Magistratura, deja fuera de ese suculento reparto al PRD y abre la herida de aquel cubo de 1994, en el que se acordó el 40 por ciento para ganar en primera vuelta electoral, y en una jugada al mejor estilo balagueriano tan imitado- lo cambiaron al 50 por ciento, lo que costó la presidencia de la República a Peña Gómez.
La jugada de los asambleístas no será de caballeros, pero sí de exitosa marrullería balagueriana, pues de un zarpazo deja fuera del CNM al PRD, otorga todo ese derecho a un solo hombre, y hasta ofrece a la franquicia reformista un poder que los votos ciudadanos no le otorgaron, y que le será sumamente útil a la hora de futuras negociaciones con su santo padre.
Esta partidocracia nuestra se ha repartido tanto las culpas, los olvidos, que a los dominicanos poco nos queda ya por ver, y a ella cada vez le queda menos por hacer para sorprendernos.
¡Ha llovido tanto en esta tierra de polvos y engaños! Pero, ¿Y qué más da? La vida es una mentira, bolero.
