Nostalgia por un Presidente mártir
Cual santicló balagueriano y generoso, a horas de cumplir sus 55 años, anda el profesor/presidente Fernández por los campos y ciudades del país, repartiendo cajas y fundas, compartiendo cenas y sobres entre unos pobres nacionales que en vez de aspirar a dádivas de Navidad como caricias de emergencia de un amor de paso, deberían exigir al Estado la oportunidad de un trabajo digno, mejores servicios de educación y salud, Inespre cuidando la alimentación popular para la que fue creada, más guaguas de OMSA por todas partes, guarderías infantiles en cada esquina barrial, pero no. Trujillo y sus secuaces, con su delfín en un sanguinolento relevo de 22 años de gobierno, malearon la conciencia de un país incapaz ya de gobernarse a sí mismo: Pobre patria desolada de ciudadanos y parida de simples votantes que en la desesperación de su miseria sólo aspiran a que un Hipólito Fernández, un Jaime Vargas o Medina, quizás una Margarita, «porque está linda la mar», lleguen cual Maná del cielo a regalar y dar. (Exigencias clientelistas y parasitarias de un mercado electoral sin ciudadanos, con la agravante de que aquí cada dos años hay unas jodidas elecciones que ganar.)
Una vez enfrentamos «el año que vivimos en peligro», hoy andamos en «el peligro de vivir los años», dos libros y una misma historia, dos textos y la misma desolación, la misma antifé rodando por las cañerías de la historia, como en «Dos mujeres y un camino», pero con ellas alguna vez fuimos felices. ¡Hagan memoria, camaradas, y sonrían!
No es un Santicló balagueriano lo que necesitamos los dominicanos, (Antonio, Salvador, Joaquín, Leonel, Hipólito) sino un Presidente Mártir que se arriesgue a incitar/fomentar a través de la educación, el surgimiento de una ciudadanía democrática y responsable.
Claro, que tal comportamiento podría generar un golpe de Estado. Pero el presidente que lo padezca, vivirá en la eternidad de los inmortales y amanecerá algún día, y entre lagrimas de gozo, este pueblo olvidadizo y descuidado honrará a sus grandes héroes de la dignidad y el decoro «aunque entre el mar», el mismo mar que un septiembre 25 entró, y sin embargo, hoy nadie recuerda a los insignificantes militares y civiles traidores a la Constitución y la Patria, pero aquel que pretenda mancillar el nombre del Presidente Bosch.
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