Pecado sin perdón, también en 2009
Tampoco es que tuviéramos altas expectativas.
El escenario mundial no pintaba nada bien.
En verdad, uno esperaba unas navidades más frías que los besos de un olvido, con un Metro gratis como caricia de santicló, circo en rieles para un auditorio en feliz alienación de sus tantos otros problemas.
Gozosas, lo que se dice gozosas, no esperábamos que fueran, con tan altas tasas de interés, el frenazo del sector construcción, el mal momento textil de las ZF, el salvavidas sector turístico haciendo lo posible, y las mulatas frente al mar haciendo lo indecible según me cuentan.
Desde que en septiembre la economía gringa nos presentó sus malas credenciales, todos reflexionamos sobre la posibilidad de que este fin de año fuera memorablemente malo, económicamente apretado pero nos quedamos cortos. Faltaba algo y eran unos hechos que nada tienen que ver con la economía nacional o internacional.
Así, en cuestión de días, la SCJ viene y se desautoriza a sí misma y a su jurisprudencia, con una sentencia temerosa, negativamente salomónica, que admite el error pero prefiere quedarse en la «falta de calidades» de quienes sometieron la instancia, con lo fácil que hubiese sido dejar establecido que la irregularidad no conduce a un juicio político al Presidente Leonel, que era y es el fin primero y último de la instancia sometida por el PRD y su PPH cantor. (¡Estos señores sí que son valientes, no temen hablar de soga estando ahorcados por la historia de su paso por el gobierno!)
Y si no tuvimos suficiente con una Cámara de Cuentas -constituida por el balaguerismo ilustrado y otras fraternidades del erario- otorgándose un incentivo/sueldo trece ilegítimo y nada ético; si es que nos quedaba alguna esperanza de esperar el año entre amigos, familiares y don Joaquín cantando en Libertad 8, justo cuando fruto de las presiones internacionales, de grupos empresariales opositores y una sociedad civil y mediática bien amaestrada en el asunto, la señora Justicia viene y pare de sus entrañas una sentencia histórica (aunque incompleta por la ausencia de la parte oficial de la trama)- aparece salvadora, cual Zorro de la impunidad, la mano sin linterna del Poder Ejecutivo con su indulto a rastras, sólo para demostrarnos unas vez más, que, salvo en las telenovelas mexicanas, los ricos siempre ganan, y en el país la pobreza sigue siendo el único pecado sin perdón.
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