Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Ahora

(Oportunidades en los tiempos del cólera)

“Ahora que, todos los cuentos, parecen el cuento de nunca empezar.” J. Sabina.

 

El diablo prometía llegar y vino.

Ya está aquí, con asiento en Altagracia.

Al fin, dada la cercanía del vecino, la falta de controles en nuestra frontera, el nivel de insalubridad en que vive una parte de nuestra población,  o dada la fusión pacífica que avanza indetenible en los semáforos, solo era asunto de tiempo su llegada. (Y eso que el joven trasportador es un residente legal de 32 años. Buena noticia. Dios existe.)

 

El cólera ya está en territorio dominicano.

 

¿Y ahora? Justo ahora (“que, sin saber, hemos sabido querernos, como es debido,

 

sin querernos todavía.”)

 

Con la llegada del cólera al país,  llega también la hora suprema de acariciar nuestras verdades y cantarnos nuestras mentiras.

 

La presencia formal y desparramada, escatológica y maloliente del primer caso de de la enfermedad en territorio dominicano, -localizado en la principal zona turística del país-, debe significar una gran oportunidad para organizarnos como nación, si no es que preferimos seguir marchando hacia la barbarie. Una barbarie que ya se respira hasta en los mercados de pulgas o garrapatas, de excrementos, contaminación.

 

Hablo de que, ante la presencia formal del cólera, deberíamos organizar, por ejemplo, nuestra política migratoria hacia Haití, para lo que ya tenemos la Ley y Reglamento.

 

Oportunidad para proteger metro a metro la frontera, que para eso tenemos militares dispuestos y capacitados para la tarea. Basta una orden.

Oportunidad para organizar mediante supervisión y licencias, los centro de ventas de alimentos en las calles.

Preservar de manera más eficiente el interés y la cultura nacional en toda la zona fronteriza. Si es democráticamente mejor.

Oportunidad para poner las cuñas publicitarias de todo el Estado dominicano al servicio de la educación ciudadana, incluido el qué hacer ante un terremoto, medidas de prevención del cólera. Y mil temas más.

Y, finalmente, hacerlo ahora, antes que sea demasiado tarde y del moridero de pobres que ya somos, seamos también unos asesinos de patria.

Hacerlo hoy, y, precisamente, hacerlo ahora (“… que los sentidos sienten sin miedo. Ahora que me despido pero me quedo. Ahora que nos besamos tan despacio, ay, ahora que una pensión es un palacio, donde nunca falta espacio para más de un corazón…”

En fin, la patria, estúpidos, la patria. Y ahora.

El Nacional

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