Al visitar al presidente Mejía en su lecho de enfermo, y después de la tradicional chercha de don Hipólito, -si está de buen carácter-, el Presidente Fernández hizo un aparte de unos diez minutos con el ex mandatario: ¡Diez minutos!
El encuentro y su tiempo, -vista la crónica de mi dilecto cínico Orlando Gil,- me remitieron a un singular poema de Jaime Sabines, que dice más o menos: Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de beberte, de pensarte.¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. También en diez minutos, digo yo.
Solo que Hipólito y Leonel, reivindicados electoral y políticamente gracias al Pacto de Las Corbatas Azules, erráticamente firmado por Miguel Vargas con Fernández, no están por la labor de prenderse fuego.
Según John Reed, en Rusia, diez días estremecieron al mundo. En México, sentado en una vieja silla de la librería Madero, cerca del Zócalo del DF, Jaime Sabines aseguró que uno podía curarse de un grande amor en una semana.
¿Y estos dos zorros de la política, de estilos muy diferentes pero políticos tradicionales al fin, de quién van a curarse?
Sin ser rusos, ¿a quién van a estremecer los muy señores en sus diez días, minutos, semanas, meses?
Los días por venir escribirán el final de este poema, que en lirismo y contundencia podría superar al de Sabines.
Pero cuando dos adversarios, (-uno que insulta como tigre de barrio y otro que hace los mismo pero apoyado en la zoología o el nombre de unas salchichas famosas-) hacen un aparte sin testigos, cualquier cosa puede ocurrir.
Uno lo aprendió de aquel sobreviviente dinosaurio de la política española, Manuel Fraga que, abrevando en los clásicos dijo: La política siempre ha hecho extraños compañeros de cama. Dios o la María dirán.
Y como es sábado, les regalo los versos finales del poema de Sabines, por si las frías, o mejor, por los amores vencidos por el otoño, diez minutos, por diez años, el tiempo y su crueldad.
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo./ Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. / No sirve, es cierto./ Sólo quiero una semana para entender las cosas./ Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

