Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

Desde el llanto oscuro de su indignación

Periodista y poeta, Petra Saviñón nos escribe desde el llanto oscuro de su indignación:

“Es medianoche, aun estoy en el trabajo. Han sido días muy duros.  La angustia apenas me deja dormir  o  coordinar  ideas.

  Lo único que retengo son las imágenes de gente que corre desesperada en calles que se han vuelto multicolor ayudadas por la sangre y el lodo.

Tengo 33 años y  el martes fue la primera vez que sentí los efectos de un terremoto.  Apenas percibí un ligero vaivén. A partir de ahí el caos. Los cables, las fotografías, las llamadas. (…) Desde entonces gran parte de mi tarea ha sido depurar información y en elegir fotografías para acompañarlas. He visto mi  rostro en cada ser humano envuelto en sábanas blancas.

(…) El bombardeo de imágenes en  la televisión aumenta mi malestar estomacal. Estamos  abrumados.  Preguntándonos  qué va a pasar después de que esto ya no sea noticia. Qué hará Haití con la extrema miseria que se le viene encima. Hasta cuándo seguirá la ayuda.

 He sentido mi propia desesperación en la voz de los que gritan y corren en busca de los suyos y me  cegó  la rabia cuando leí que  el televangelista *Pat Robertson dijo que Haití está “maldito” por llegar a “un pacto con el demonio” durante su historia. Su vocero sale a aclarar lo que encierran esas bestiales palabras. Se refería-dijo- a los rituales de vudú realizados antes de una rebelión de esclavos contra los colonizadores franceses en 1791.

 (…) En un programa de televisión local una mujer analiza las razones por las que este lado de la isla no sufrió daños: “Es que Dios nos protegió porque nos ama”.

Se trata de la expresión máxima de la intolerancia y del fanatismo religioso de los que se  creen aptos para mostrar el camino correcto. De los que piensan que  tienen la facultad de decidir lo que está bien y lo que no, porque la suya es la única doctrina con asidero. Es la religión parcial. Absoluta y omnipotente.

 Desconocen u olvidan que el mayor dios que castiga a los haitianos es la pobreza en la que lo han sumido sus gobernantes y las potencias que le cobran caro el atrevimiento de ser libres y que ahora tratan de untar saliva en la herida.”

El Nacional

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