Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

La oportunidad

         Entonces fue posible.

         Resulta que, como en la página bolero de Gilberto: se puede, se puede.

         La desgracia del pueblo haitiano ha hecho brotar la mayor solidaridad de los dominicanos todos, y puede que sea esta lamentable locura de la muerte la gran oportunidad de comenzar  a entendernos los miembros de este matrimonio sin divorcio que acuna la Hispaniola.

         Se ha teorizado mucho y se ha hecho muy poco para hermanar a dos pueblos que la geografía, los imperios y la pobreza hermanaron. Al contrario, tiranos y tiranuelos, élites trasnochadas y rancias oligarquías de ambos países, han vivido de esos rencores.    (Aprendamos de Europa con su U.E. a décadas de la Segunda Guerra Mundial.)

         Hoy, a diferencia del martes 12E, los dominicanos y los haitianos hemos comenzado a pensarnos de otra manera. Es la gran oportunidad de esta tragedia, que es la tragedia de la pobreza en la que ya vivían ocho de cada diez haitianos, y viven cuatro de cada diez dominicanos, por si alguien había preferido olvidarlo. 

         El terremoto 12E no ha hecho sino adelantar la muerte de 200 mil haitianos que en los próximos cinco años irían muriendo por los mandatos jodidos de la pobreza. Y es que, en los pueblos miserables, como Haití y Dominicana, la gente no muere solo de enfermedades sino de ser pobre y no poder enfrentar una dolencia. 

Aquí no pasa una semana sin que aparezca un reportaje sobre una familia, una madre abrazada a su Paola enferma en la ternura inocente de su infancia, mendigando 200 mil pesos para una operación, un tratamiento que le salvará la vida. A veces aparece la mano solidaria de una empresa, un despacho, la SESPAS y Bauta meten la mano, el Dr. Delgado Valdez en Herrera, el Dr. Español en Los Alcarrizos, la Primera dama siempre, Emigdio Sosa en Palacio, la Lotería, pero no se trata de eso. Una sociedad con una cuarta parte de su población sobreviviendo a expensas de la solidaridad de alguien, de algunos, una virgen, un milagro, es una sociedad condenada al caos, la rebelión, ay, la afrenta de la muerte vencedora casi siempre. Es la gran oportunidad de esta tragedia. Por cierto, me aseguró el obispo Amaury Pérez, el jueves en el Tedeum de Teresa mientras saludábamos el viernes, que es triste “morir de sed junto a la fuente”, (según un tal Guillén.)

El Nacional

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