En un país de nuestras características políticas y socioculturales, patria empobrecida de pan e ideas, para sobrevivir en la gobernación presidencial y llevar a la realidad sueños, promesas, – boschitas o peñagomistas- los señores del PRD y del PLD tendrían que ser toreros.
Ser toreros y sobrellevar con estoicismo las ráfagas de los intereses, -quise decir del toro-, que llegan de forma intempestiva y cotidianamente a la plaza, o sea, al Palacio, ¡y hacerlo sin burladero! que es valla situada delante de la barrera y tras la cual se refugia el torero para defenderse/burlarse del toro.
El burladero tendría que ser el pueblo organizado, las grandes masas que, «empoderadas» de su razón histórica a través de sus organizaciones sociales respalden a un gobierno/torero cuando este se decida a tomar decisiones que afecten a los poderes fácticos, las élites, los señores, el toro, o sea. Pero resulta que el país nacional es una isla conservadora, en lo social y lo electoral, con unas fuerzas populares incapaces de organizar y convencer a las grandes mayorías de la necesidad de su lucha. ¡Y hay que sobrevivir!
Así llegan los gobiernos liberales a «la política como el arte de lo posible», y canta feliz el pragmatismo, y se echan a llorar los folletitos, un viejo sabio, el gran moreno, eso.
Huérfano de las fuerzas sociales que le permitan aguantar el tirón del toro, o sea, el burladero, nuestros partidos liberales sólo han podido serlo (socialdemócratas, boschistas) mientras permanecen fuera del gobierno. Por eso, cada uno de sus triunfos, tan preñados de esperanza, ha sido siempre el anticipo de un desengaño, por lo menos en lo que tiene que ver con la priorización de la lucha contra la pobreza, por la igualdad social. (Por ejemplo, las estadísticas nacionales de inversión en Educación en los gobiernos liberales desde 1978 son un asco.)
Leonel Fernández, -con sus respetuosas formas y su estilo nunca confrontacional, más su especial talante para el pragmatismo con flema inglesa- ha sobrevivido con éxito en el terreno electoral, pero ya no en el mundo de las luchas liberales que postuló siempre el PLD, sino con un proyecto conservador que ha dado sus frutos electorales (hasta va a lograr asimilar en los próximos días lo que queda del PRSC).
Así, las grandes luces del gobierno apuntan al buen manejo técnico económico, estabilidad, modernización del Estado, eficiencia recaudatoria, pero no a la reforma ética y social del país. Para ir en ese sentido, el PLD -como el PRD- tendría que ser torero. ¿Quién organizará el burladero?
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