Dos gotas de llanto y una sola mentira: Somos
No fue una frase cínica, el fruto de mi peor ironía, aquella de que en nuestro país la corrupción es una fiesta cuyo único pecado es no ser invitado a ella.
Somos una escuelita repleta de maestros, que enseñan a los más jóvenes el alto beneficio de hacer lo mal hecho.
País grisáceo y chulito, donde todos tenemos un corrupto preferido, justo y como en los doce años de Balaguer todo gran comunista tenía su general o su trujillista y también viceversa.
Así, cada reformista en sus gobiernos asesinos tenía un comunista preferido, con quien se reunía en su dacha familiar a escucharlo, por remordimiento o por teorizar entre vinos sobre la cortina de hierro. Y así íbamos tirando, en la nausea de la sangre pero con el alma llena de esperanzas, utopías.
Ahora lo que está de moda es el pragmatismo desmemoriado. Y como nunca, es el tiempo de los triunfadores, de los que ganan no importa cómo, traicionando qué, olvidando a quienes, ya aparecerá un intelectual que escriba un libro, un club social con su homenaje, un periódico serio con su primera plana. Y todos casi felices. Las preferencias electorales lo demuestran: ¡Esto es lo que somos! Nos gustan los vencedores. La ética o la vergüenza pueden esperar.
El éxito todo lo puede, el triunfar todo lo paga. Entonces, digo aquí, que aquí no ha pasado nada. No es cierto, como, vencido, ha escrito uno mil veces, que el país haya tocado fondo, no. Esto es lo que somos, y por los resultados y preferencias electorales, por las páginas sociales diríamos que nos va de puta madre. La historia la escriben los vencedores, ya se sabe, por eso en SD hay un barrio preñado de calles en homenaje a los intelectuales y/o maipiolos de la mayor satrapía de América, y Balaguer es el padre de nuestra democracia.
Esto es lo que somos. Aquí estamos. Viendo en las fotos sociales y de primera, la unión de maco con cacata, lo peor de la casa homenajeado y querido. Ayer ladrones hoy caballeros, reconocidos, exaltados
Ya amanecerá algún día, don Radha, lo sé, pero, joder, qué apagón tan largo.

