Nos encontramos ayer en La Plaza España, mientras Víctor Víctor cantaba -por despedir a Junio- : Vale más, comenzar nueve veces cuando hay razón y está bien.
Sentado en un banco, lustraba sus zapatos Royal Special como los que usaba mi padre en las retretas banilejas de domingo.
Nos saludamos, me sonrió paternal, y volvió a contarme el origen de mis apellidos como lo había hecho 29 años atrás. Lo sentí apagado, como necesitado de compartir con alguien sus palabras. Por eso no insistí en mi conversación, y me quedé a pensarlo en silencio, con un poco de nostalgia.
Mientras le escuchaba, pensé que en cada junio debería estar de fiesta la dignidad, amanecer de parranda el decoro, en homenaje popular a tanto héroe derrotado y a este anciano vencido en la gloria de su inmortalidad. El mismo que siendo Presidente pasó por las arcas nacionales como don Juan Tenorio por las habitaciones de los hermanitas de la Caridad: Sin tocarlas, sin tocarlas.
Al final, le ayudé a levantarse y despacio, sin palabras, comenzamos a mirar la tarde. (A pesar de las ausencias, las muchachas de la Plaza España son tan bonitas .) Y pensé que si bien la vida está hecha de momentos, la historia de los pueblos, como la de los hombres, está hecha de ejemplos, que Obras son amores , eso. Y recordé aquel septiembre, repasé un abril cuando llegaron unos marines sin pañuelo ni otros dones a imponer a un presidente, y la sangre recorrió las cunetas como en la lluvia. Y volvieron otros, se compraron sueños, murió la utopía, dolió aquella ausencia y hoy, ya ven, no queda nada, ni siquiera el olvido.
Eso sí: Queda su ejemplo, por si alguno, un pueblo, se atreviese a recogerlo. (Juro que antes de partir me aseguró emocionado que las muchachas de la Plaza España de tan bonitas se parecen a doña Carmen.)

