Nuevamente vuelve a relucir el lado más oscuro de la relación Consumidores-Proveedores de servicios-Estado como resultado del intento de las escuelas privadas de pretender cobrar el año escolar por adelantado, bajo amenaza de afectar el crédito a los padres morosos de esa misma obligación que ellos se abrogaron la capacidad de oponerles.
Yo creo fielmente que el principal pilar de la economía de cualquier Estado es el desarrollo de su sector privado y el pleno ejercicio de las libertades económicas. Pero las acciones y la permisividad del mismo Estado han creado una situación en la que hoy por hoy el mismo sector privado actúa en detrimento de sus propias libertades económicas al parecer sin saberlo.
Lo ofensivo de este bluff de las escuelas es que presentaran a su asociación y federación de escuelas privadas como un cártel para fijar precios y medidas económicas en detrimento a la libre competencia, sin siquiera guardar las apariencias, algo completamente ilegal e incluso penado con una posible disolución de esa entidad.
Y esta osadía del sector privado, e incluyo al sindical que actúa de forma similar, de desvirtuar completamente el uso responsable de la figura que les agrupa, para ponerse de acuerdo en fijar medidas anti-competitivas en detrimento de los consumidores, tiene que llegar a su fin.
Estos son los primeros en tirar la piedra en contra de los consumidores cuando se trata de la apertura de la importación de bienes porque, la producción nacional se coloca obscenamente cara, son los primeros en extender la mano para pedir beneficios en subsidios por parte del Gobierno para salvar los negocios que su propia ineptitud les ha llevado a la quiebra, y son los primeros en reclamar institucionalidad sin siquiera ruborizarse a pesar de que son los primeros que la pisotean.
Ya es tiempo de que República Dominicana aprenda a llamar las cosas por lo que son, y se decida exactamente por lo que quiere.
Una asociación está llamada a velar por los objetivos que a ella le han dispuesto sus miembros, objetivos que nunca pueden ser contrarios a las Leyes y la Constitución.
Tanto los sindicatos y asociaciones están llamados a velar por los intereses de todos sus asociados frente a terceros o entre ellos mismos como un amigable componedor. Lo que se posiciona a varios años luz de distancia de servir como punto de encuentro para que las entidades o personas que la componen, que están llamadas a competir entre si, se dediquen a actuar como un cártel.
Este modelo de asociación y de sindicalización se ha convertido en uno de los parásitos más difíciles de curar de la institucionalidad dominicana. Y mientras se siga creando ese tipo de organizaciones, a los fines de imponer a Estado, consumidores, propios competidores y algunos socios, algunas medidas de mercado, la economía dominicana seguirá teniendo la ruta de ser un eterno fracaso.
