Editorial

El deber manda

El deber manda

Ha cesado el período de intensas lluvias que asoló gran parte de la zona Norte y del Bajo Yuna, por lo que Meteorología y el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) levantaron sus avisos y alertas contra inundaciones y deslizamientos de tierra, aunque centenares de familias quedaron en estado de indefensión a causa del mal tiempo, que también provocó la muerte de al menos ocho personas.

Esta vez, la comunidad de Carlos Díaz, en Tamboril, resultó la más devastada, pues su accidentado territorio, en las estribaciones de la Cordillera Septentrional, quedó virtualmente borrado del mapa por desprendimientos de más de dos kilómetros de tierra  que sepultaron decenas de viviendas, pero por fortuna no hubo muertos ni heridos.

El presidente Leonel Fernández visitó ayer la zona de desastre y ordenó que  de manera provisional las familias que perdieron sus techos sean alojadas en viviendas rentadas, cuyo alquiler pagaría el Gobierno, hasta poder construirles soluciones habitacionales definitivas.

Donde una semana antes existía un activo asentamiento humano, hoy sólo queda una amplia zona desértica que se avista a lo lejos como advertencia de que una tragedia mayor puede suceder en cualquier zona vulnerable donde  niños y adultos interactúan a orillas de ríos o al pie de montaña, con el riesgo de muerte por inundaciones o derrumbes.

Es menester que autoridades e instituciones no gubernamentales de auxilios y socorro  activen las jornadas de ayuda y asistencia a las comunidades afectadas por las intensas lluvias, incluido miles de agricultores cuyos predios han quedado bajo agua o sus  siembras arrasadas.

Satisfacen las promesas de los secretarios de Educación y Salud Pública de que los  alumnos, cuyas escuelas fueron destruidas o dañadas por el mal tiempo, no perderán el año escolar, y que de inmediato se pondrá en marcha un programa de vigilancia epidemiológica para evitar brotes de enfermedades.

Obras Públicas, Agricultura, Banco Agrícola, los institutos Agrario, de Recursos Hidráulicos y de Agua Potable, tienen el urgente  compromiso de acometer programas de reparación de caminos y carreteras, acueductos, canales de riegos, así como rehabilitación de zonas agrícolas todavía bajo agua.

El Gobierno y la generosidad ciudadana no deberían esperar la ocurrencia de otra previsible fatalidad para acudir de inmediato en ayuda de quienes hoy perdieron sus viviendas, ajuares y cosechas a causa de un intenso período lluvioso que colmó de agua a los embalses, ríos, cañadas, arroyos, derrumbes y hasta, virtualmente, borró del mapa a la comunidad de Carlos Díaz.

El Nacional

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