Una de las grandes lumbreras de la medicina cardiológica que tiene la República, entre otros versados como los doctores Jhonny Jacobo Simon, Héctor Mateo Martínez, Enriquito González, Roberto Fernández de Castro, Hernán González Espinosa, Miguelito Martínez, Guarocuya Batista del Villar y Rafael González Peña, lo es, sin lugar a equívoco el doctor Tirso Roa Castillo, hijo preclaro de las fértiles tierras de las Matas de Farfán.
Graduado con honores en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con postgrados y especialidades en el país y el Exterior, este profesional rinde culto a los valores familiares. Su familia está integrada por su inteligente y distinguida esposa, mujer de amplios quilates morales, doña Maritza Ramírez de Roa, y sus entrañables hijas Ana Cristina, Kilsis Adalgisa, Sarah y Priscila Antonieta, flores de estos tiempos.
El doctor Roa Castillo tiene luminosa trayectoria y la virtud de ser un consagrado humanista que sabe mitigar el dolor, tristeza y desesperanza con los asertos de sus pronósticos científicos, en favor de miles de personas, sobre todo a pobres, humildes y desamparados de la suerte.
También proclama una fundación de carácter filantrópico, donde en horas que no inciden con sus funciones de pundonoroso general de brigada médico de la Policía Nacional, donde realiza una excelente y valiosa misión a tono con las frases de William Shakespeare: Los grandes corazones producen grandes hechos.
De porte esbelto, manos tenues, mirar penetrante, sencilla sonrisa, ameno y convincente conversar, sabe tratar, comprender y hasta adivinar el pensamiento. Como profesional, es inteligente, sobrio y certero en los pronósticos que emite.
Silencioso, dechado de sapiencia que examina y pondera con gran sabiduría y conocimientos también de la Psicología, y el ser humano en toda su configuración, cual ruiseñor quien sabe trinar las vivencias y el medicar de la vida, normando sus vaticinios en el pleno conocimiento de saber, estudiar, pronosticar situaciones tal como refería Emerson al decir que la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.
Sencillo pero firme en sus convicciones, integro, veraz, libre de fingimientos, postula que para ser sinceros debemos expresar siempre la verdad, que caracteriza a las personas como él, porque en sus ojos y vestimenta no existe la llamada mentira piadosa, pues pone en práctica ejemplos fehacientes y su sinceridad implica veracidad, verdad en las palabras y honestidad en el accionar.
El doctor Roa Castillo encarna gloria y es orgullo de sus queridísimos familiares, de sus compañeros en las ciencias hipocráticas y de sus consecuentes amigos, aunque haya ingratitudes de hortelanos que lanzan piedras y esconden manos a lo árboles frondosos.
Preservador de vidas, iluminador de conciencias a veces vencidas, donde las frases del inmenso Cicerón enmarcan en su contexto filosófico, al decir, cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de los grandes.

