Aprovechando al escéptico comercial que hoy habita en la Casa Blanca, los sectores acomodados de la producción nacional que por casi 20 años han sido incapaces de mejorar su competitividad vuelven a reclamar una renegociación del DR-CAFTA, con la esperanza de mantener cautivos a los consumidores dominicanos por varios años más.
Dado al amplio superávit que mantiene Estados Unidos con Centroamérica y nosotros, hasta el momento este no ha mostrado mayor interés por renegociar el acuerdo comercial. Eso dicho, no me cabría la menor duda que por razones políticas y puro oportunismo si se planteara seriamente el interés por la renegociación, Estados Unidos no pondría mucho reparo en acceder a ella para imponer condiciones similares a las ya acordadas en el nuevo NAFTA que recién acordó con México y Canadá, en serio detrimento del poco sector exportador competitivo que aún tenemos.
El nuevo NAFTA vino con reglas de origen mucho más estrictas, nuevas normas laborales condicionando las exenciones arancelarias al promedio de salarios pagados por el exportador, cambios a los montos permitidos a importar por compras en línea, condiciones más favorables a ciertos productos agrícolas de los Estados Unidos, y una cláusula de terminación del acuerdo.
Más aún, es altamente probable que muchos de los puntos de negociación de Estados Unidos y rechazados por México y Canadá, vuelvan a ser puestos sobre el tapete, incluyendo la modificación del mecanismo de resolución de disputas entre Estado e inversionista.
Esto con la gravante de que ni República Dominicana ni Centroamérica gozan con el mismo poder de negociación frente a Estados Unidos que México y Canadá.
En condiciones normales, donde las partes del acuerdo ven sus relaciones comerciales como algo mutuamente beneficioso, países pequeños como el nuestro deben asumir serios sacrificios para ajustarse a lo solicitado por los grandes con el objetivo de obtener beneficios a largo plazo.
Pero en un ambiente donde la contraparte ve el comercio internacional como una batalla con ganadores y perdedores, donde me tienen que comprar más de lo que yo les vendo, las condiciones del acuerdo para los países más pequeños pueden hacerse imposibles.
El DR-CAFTA puede ser objeto de algunas mejoras que eventualmente pueden ser negociadas. Lamentablemente este no es el momento para negociar, y lo mejor que podemos aspirar tanto los dominicanos como nuestros socios centroamericanos es seguir calladitos y esperar que nuestros estatus de insignificancia comercial y geopolítica nos siga protegiendo del cáncer proteccionista que viene afectando al comercio internacional.

