Opinión

El embajador Robert Fannin

El embajador Robert Fannin

La República Dominicana es una colonia de Estados Unidos.

Los niveles de influencia, por no decir de dominación y saqueo, se afianzaron tras la intervención militar del año 1965 y la imposición del gobierno títere de Joaquín Balaguer.

La intervención de Estados Unidos no sólo fue militar, también fue económica, política y cultural, de tal suerte y manera que la República Dominicana de hoy no tiene nada que ver con la República Dominicana de hace 40 años, cuando los valores éticos y morales eran otros, cuando todos hablábamos español aunque fuera malo, cuando todos nos llamábamos Juan, Pedro, Ramón, Juana, Ramona, Lola, Patria o Minerva. Cuanto nadie quería irse en una yola a Puerto Rico, cuando nuestras mujeres no se prostituían en otros países más por hambre que por gusto.

Con dos millones de emigrantes repartidos entre Estados Unidos y Europa buscando  mejor vida para ellos y los suyos;   con un   millón de haitianos mal contados sembrados en el territorio, es imposible saber lo que somos como pueblo.

El peso de esos fenómenos (emigración e inmigración) sobre el país no ha sido bien estudiado ni bien ponderado por las autoridades. Al contrario, para el gobierno la huida masiva de dominicanos hacia el exterior es una salvación, pues le quita presión social.  Y por otro lado, a una parte de los empresarios criollos les favorecen los haitianos aquí. Mano de obra barata, casi esclava.

Estados Unidos ha jugado un rol fundamental en la creación de este modelo de país. Igual para los haitianos. Y los gobiernos, unos más, unos menos, han contribuido  a esta situación de incertidumbre.

El Embajador de Estados Unidos es el personaje más poderoso de la República, aún cuando por razones diplomáticas o de prudencia mantenga un bajo perfil en relación a los acontecimientos cotidianos.

Nominalmente, el Presidente de la República es el jefe, el mandamás. Sí, pero hasta que los intereses estratégicos del gran coloso del norte estén en peligro, como parece ahora. Estados Unidos está preocupado.

En tanto los niveles de narcotráfico, lavado y criminalidad se mantengan más o menos controlados, no hay problemas. Se toleran. Es más, hasta se estimulan. Pero cuando las cosas se tornan incontrolables,   entra la mano fuerte del imperio.

Que los funcionarios se corrompan es hasta bueno, pero no hasta un extremo.

Vivimos en un “Narco-Estado” no declarado. Un asesor en materia de drogas habla de 300 incursiones aéreas del narcotráfico. Las avionetas y los aviones aterrizan en todas partes a plena luz del día. Las naves marinas oficiales se utilizan para entrar y sacar drogas. 

Es un combo: consumo y tráfico de estupefacientes, secuestros, asaltos, atracos, robos  y asesinados. El gobierno ha fracasado en cinco años enfrentando  estos males, a tal punto que algunos dudan de que la lucha  sea verdadera.

De igual manera la corrupción administrativa alcanza proporciones alarmantes. No lo dice el embajador estadounidense, lo digo yo, lo dice todo el mundo. Como jamás hubo tanta droga en el país, podemos decir que jamás hubo tanta corrupción.

El embajador Robert Fannin no ha dicho nada que todos los dominicanos no sepamos. ¿Que se trata de una intromisión en los asuntos internos? ¿Acaso este país no le pertenece al imperio? ¿Acaso no somos su colonia? Si fuéramos un país libre y soberano, como lo proclamo Juan Pablo Duarte, estaría bien el berrinche del cardenal, del senador, del canciller, del presidente y de cualquier otro funcionario. Pero no es así.

Además, los que critican al embajador por sus declaraciones son los mismos que  han entregado nuestro patrimonio, los que celebran la Independencia EU con más júbilo que el 27 de Febrero, los que han endeudado y siguen endeudando el país.

Dicen que el señor embajador no tiene calidad moral para hablar de corrupción porque ningún banquero estadounidense ha ido a la cárcel, como están en la cárcel los de aquí, dicen que el  embajador no puede hablar de narcotráfico porque Estados Unidos es el principal mercado. Bien, perfecto, aplausos para los que así hablan. Pero yo no vivo en Estados Unidos. Vivo aquí junto a mis hijos. Me preocupa el narcotráfico aquí; me preocupa la corrupción del gobierno de la República Dominicana.

Cada vez que alguien le formula una critica al gobierno por la corrupción, las drogas o el gasto excesivo en cuestiones intranscendentes, los insultos y las descalificaciones no se hacen esperar. Es algo recurrente. La arrogancia y la borrachera de poder y dinero  impide a los funcionarios ser humildes y aceptar las críticas, aun sean de Euclides Gutiérrez Félix.

El Nacional

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