Editorial

El enemigo

El enemigo

El atraco perpetrado ayer contra una sucursal bancaria en Villa Mella, durante el cual cayó abatido un guardián, y el robo en la Plaza de la Salud, se suman a la cadena de delincuencia y criminalidad que agobia a la sociedad nacional.

En la muy congestionada avenida Hermanas Mirabal, individuos armados penetraron a la sucursal de la Asociación Dominicana de Ahorros y Préstamos y tras cargar con más de 600 mil pesos asesinaron al vigilante Domingo Mateo Uribe, para luego escapar, según testigo,  a bordo de dos vehículos.

También a plena luz de la tarde otra camada de delincuentes ingresó al hospital general Plaza de la Salud para  robar de una caja fuerte más de 500 mil pesos, según explicaron autoridades de ese centro de salud, ubicado en el ensanche La Fe.

En ambos casos, los antisociales actuaron con tanta temeridad como seguridad, pues el robo y el asalto se produjeron en zonas céntricas y en un establecimiento hospitalario que por lo general alberga centenares de pacientes, médicos y empleados.

Aunque el atraco a la sucursal bancaria se define como muy grave por el asesinato del vigilante y el robo en la Plaza de la Salud, como un hecho insólito por tratarse de un  concurrido hospital, la verdad es que asesinatos, atracos, robos, violaciones se han convertido en sucesos cotidianos que abarcan toda la geografía.

El auge de la violencia delincuencial desborda ya la capacidad, aunque no la voluntad de las autoridades para controlar un flagelo que se ha convertido en la principal causa de preocupación y temor ciudadano.

Ante un cuadro tan aterrador es menester que autoridades y ciudadanía mancuernen voluntades para acometer la urgente tarea de declarar la guerra a toda forma de criminalidad,  sin importar que el brote de este mal afecte epidermis de las propias instituciones  a cargo del combate al crimen.

Al reclamar absoluto respaldo a mandos militares y policiales que luchan contra la delincuencia, es menester extrapolar aquí la exhortación que el presidente mexicano, Rafael Calderón, formuló a sus conciudadanos, de no confundir el enemigo, que  sin dudas son los delincuentes que cada día ganan espacio y cierran el cerco que han tendido a una sociedad agobiada y temerosa.

El Nacional

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