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El enigma de la muerte

El enigma de la muerte

Ramón Rodríguez

Los grandes biógrafos, desde Plutarco a Stefan Zweig, han dado categoría histórica a las últimas palabras de personajes inolvidables de la historia universal. De Jesús de Nazaret se conserva vívidamente su última palabra: ‘’ Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Wolfgang Goethe, quien para algunos estudiosos es el más brillante de las letras alemanas, sólo atinó a decir: ‘’ Luz, más luz’’.

Dramáticas también fueron las últimas palabras de Jacques Danton, figura prominente en el derrocamiento del rey francés Luis XV1. Al ser enviado a la guillotina por su antiguo compañero de lucha, Maximiliano Robespierre, dijo furiosamente: ‘’ No olvidéis enseñar mi cabeza al pueblo. Vale la pena. Y añadió, ‘’ Lo único que me duele, es irme primero que la rata de Robespierre’’.

Desde muy joven, las palabras de Simón Bolívar siempre me han resultado conmovedoras. El gran genio venezolano, libertador de cinco repúblicas y autor de proclamas y arengas inigualables, en su laberinto agónico, masculló en presencia de su médico, Alejandro Próspero Reverand: ‘’ Muchachos, vámonos de aquí, que ya nadie nos quiere’’.

Los historiadores incluso han querido establecer el lugar y forma de morir de los grandes hombres: algunos seguidores del genio de Napoleón Bonaparte, han dicho que este debió morir de un cañonazo al corazón en la batalla de Waterloo, en vez de morir en Santa Elena, bajo la burla de los ingleses.

Los admiradores de Beethoven, hubiesen preferido que el genio alemán, bajase al sepulcro, fulminado por un infarto al miocardio en plena ejecución de su quinta sinfonía y no bajo una tormenta de granizos, pidiendo vino del Rin, para exclamar finalmente: ‘’ Demasiado tarde…’’

Otros genios universales han estado tan conscientes sobre la importancia de morir en ‘’ condiciones favorables’’, que el apóstol cubano, José Martí, entrañable amigo de nuestro Máximo Gómez, manifestó en sus versos sencillos que prefería morir de cara al sol. ‘’ No me pongan en lo oscuro a morir como un traidor, yo soy bueno y como bueno, Moriré de cara al sol’’.

Por: Ramón Rodríguez

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El Nacional

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